Seguir a Hugo Páez

miércoles, 25 de enero de 2012

Elba perdió una batalla, no la guerra

Hugo Páez

Maestra en tensar los acuerdos a mas no poder, Elba Esther Gordillo fue llevada mas allá del límite legal de las alianzas y se quedó sola con el PANAL, en la fría y titánica tarea de conservar el registro con sus propios votos.
Gustavo madero no cayó en la trampa; el rescate público no se dio, aun cuando se puedan concretar acuerdos funcionales contra el enemigo común.
Impecable la postura del líder panista: “Los acuerdos de facto, y nada, son lo mismo”. Basa su reflexión en lo permitido por la ley electoral, y, precisamente ese fue el acantilado hacia donde llevó el PRI a Elba Esther Gordillo de la mano, al punto del no retorno que la condena a buscar a sus candidatos y demostrar si el músculo del magisterio es mito, o realidad.
Elba puede hacer daño. Las secciones del magisterio en la república mexicana han paralizado gobiernos estatales, y parte de la estructura funciona como una maquinaria electoral multifunción; lo que no quiere decir que todos los maestros y sus familias se vuelquen en las urnas a favor de los candidatos del PANAL. Ningún sindicato tiene el control total de sus agremiados. Y aun cuando el SNTE es el mas grande de Latinoamérica, expertos electorales aseguran que su aportación en las urnas es francamente precario, insuficiente para inclinar la balanza en una elección presidencial.
Pero no faltarán las tesis que describan el rompimiento con el PRI con el objetivo de tener a un cuarto candidato presidencial que sirva a los propósitos de Enrique Peña Nieto contra sus opositores, o a la inversa, que golpee al ex gobernador del Estado de México y a Andrés Manuel López Obrador, en acuerdo previo con el PAN.
Lo cierto es que la líder vitalicia del magisterio tiene talento natural de supervivencia. Se ha levantado de otras peores; y de no existir un acuerdo tenebroso entre ella y el PRI, que los mortales no alzamos a descifrar, el viernes pasado emergió como un enemigo herido al que pretenden desmantelar su fuerza sindical.
Con Elba Esther Gordillo, el PRI repetiría la historia de 70 años de gobierno. Eso no importó meses atrás a la hora de signar la alianza con Humberto Moreira, en la que se afianzaron acuerdos muy ventajosos para los intereses de la maestra. El entonces líder del PRI le puso alfombra roja con decenas de posiciones en el Congreso; pero no solo eso, en los últimos días, y ya con Pedro Joaquín Coldwell en la presidencia del partido, Elba pretendió palomear los nombres de los candidatos a diputados y senadores del PRI, y del Partido Verde Ecologista.
Fue la gota que derramó el vaso, sus enemigos internos hicieron sumas y restas, llegó el reclamo, y las posiciones se volvieron irreconciliables. Elba no traicionó su estilo: ordenar e imponer su voluntad. Lo demás es historia inconclusa, Gordillo perdió una batalla, no la guerra.