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jueves, 12 de enero de 2012

El sexenio de la Apocalipsis Anticrimen

Hugo Páez
Si la matanza de Acteal es un fantasma que persigue a Ernesto Zedillo Ponce de León hasta tribunales internacionales, imagine lo que no será para los agraviados de Felipe Calderón la cifra de 47 mil 512 muertes dolosas en la lucha contra el crimen organizado.

Los números que presentó la Procuraduría General de la República cortaron a septiembre del 2011, 14 meses antes de terminar el sexenio. De no haber una baja repentina, los muertos llegarán a 60 mil en el sexenio, una verdadera Apocalipsis Anticrimen.

Parafraseando a Manuel Clouthier Carrillo: "Lo que Calderón supo hacer bien son enemigos". De no lograr un blindaje legal efectivo, lo estarán esperando una pila de problemas al ceder la banda presidencial. Y aun cuando la responsabilidad se diluye desde mandos superiores hasta los mas bajos, el número de asesinados es brutal, no faltarán los poderosos que esperan pacientes hasta diciembre del 2012. Uno de ellos es Jorge Hank Rhon, al que no pudieron mantener en la cárcel. Pero este es el ejemplo mas visible, otros saldrán del anonimato como agrupaciones, adeudos de víctimas, y todo lo que pueda gestar una cifra tan grande de ejecuciones.

Ernesto Zedillo es un adelanto. Ante lo inminente, la Secretaría de Relaciones Exteriores salió de inmediato a defenderlo con una solicitud de inmunidad enviada a un tribunal de Estados Unidos.

Es evidente el interés del gobierno mexicano por demostrar la no responsabilidad de sus presidentes en casos equivalentes, aun cuando Acteal fue una reacción criminal de autoridades, a un movimiento social, y no un asunto del crimen organizado. Sin embargo, en la mar de operativos, ejecuciones, cateos e investigaciones dudosamente legales, las aristas están a la mano para quien quiera servirse, ya que difícilmente se ejecutan estas acciones con estricta pulcritud legal, empezando por los huecos de la ley para proteger las actividades del Ejército y la Marina en operativos y acciones civiles anti crimen.

Pero a diferencia del presidente, los mandos castrenses obedecen órdenes de su máximo superior: el presidente de la república; situación que difiere en la mayoría de las democracias liberales; en estas, el Ministerio de la Defensa está en manos civiles, por lo tanto, una autoridad no militar ostenta la responsabilidad directa.

Después de un intenso debate sobre la imprecisión de las cifras del gobierno federal en la lucha contra el crimen organizado, la PGR publicó ayer números espeluznantes, de los cuales se tenía conocimiento no oficial, además de etiquetarlos como “rivalidad delincuencial”, sin que la inmensa mayoría de los casos hayan terminado su proceso ante el juez.

Por los números presentados quiero entender que la “rivalidad” aumentó terriblemente. Desde las 2,826 ejecuciones en el 2007, hasta 15,273 en el 2010; en el 2011 podría repetir la cifra del año anterior ya que la medición de enero a septiembre resulta en 12,903 muertes dolosas.

Ahí está el dato para servicio de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. La mayoría de los caídos son jóvenes, muchos de ellos, menores de edad. Por lo pronto, las baterías del priista apuntaron desde el fin de semana a Felipe Calderón… mientras se define al candidato del PAN.



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