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miércoles, 18 de abril de 2018

   
López Obrador los va a crucificar, Anaya la opción con voto útil
   
Hugo Páez
 
Tarde entiende el PRI que el repudio es incontrolable.
Que la soberbia es enemigo de la supervivencia y ahora está en un lío, cuya salida menos traumática es un pacto con Ricardo Anaya Cortés, como lo señalé el 22 de marzo “¿Imposible una ‘gran alianza de fuerzas democráticas’ contra López Obrador..?” (http://ow.ly/5OvU30jyp5M ).
La encuesta de Reforma señala que la crucifixión está en puerta, que el presunto perdón de Andrés Manuel a los funcionarios de Enrique Peña Nieto es una zanahoria fácilmente desechable por el reclamo social de la esperada revancha que lo llevó al poder, y no habrá de soltar Morena en los próximos sexenios.
Los veintidós puntos de ventaja del líder de Morena (48%) sobre el segundo lugar Ricardo Anaya (26%) y a treinta del tercero, José Meade Kuribreña (18%), el candidato impulsado por la fuerza del partido del Estado, es un estado de emergencia para sus adversarios, que, en el caso del priista, tendría que revertir ese 30% en 70 días.
Evidentemente, importar el odio de Felipe Calderón Hinojosa, Margarita Zavala y del calderonismo que pretendía la reelección no consecutiva, fue un craso error de Enrique Ochoa Reza y Meade, por la soberbia de subestimar el anti-PRI, el antisistema.
Esa soberbia que creyó posible mantener sin consecuencias a Rosario Robles Berlanga, a Gerardo Ruiz Esparza, a Julián Olivas en la Secretaría de la Función Pública, permitiendo desde inicios del sexenio que los Secretarios pusieran a sus propios auditores (Órgano Interno de Control OIC), inclusive Meade lo hizo en la SRE, en Sedesol y Hacienda; de igual forma la pantomima de Virgilio Andrade, y un sinfín de tropelías en una confiada atmósfera de impunidad, equivalente a la elección del 2000 con Francisco Labastida Ochoa y la derrota presidencial.
Ahí están las consecuencias del encabronamiento social que mantiene a Meade anclado en el tercer lugar, a pesar de la intifada del gobierno federal contra Anaya Cortés para sacarlo de la contienda, con el uso faccioso de la PGR de Alberto Elías Beltrán y de los organismos de inteligencia.
En abono al desánimo de los adversarios de Andrés Manuel, sus yerros verbales, incongruencias, visión anacrónica y populista de la economía, ya NO le pegan como calcularon, ni siquiera una futura demostración de apoyos del premier venezolano Nicolás Maduro.
Tampoco funciona esa tesis que les encanta a los apologistas de Meade: “el gobierno tiene una bomba contra Ricardo Anaya, y otra contra López Obrador”, por favor, no va más allá de autosugestión o leyendas urbanas para tratar de apaciguar a opinadores adversarios, o a la presunción de saberse informados en pláticas de sobremesa.
Los números son oráculo. Estoy de acuerdo con la reflexión de Jesús Silva-Herzog Márquez: “Hay un dato interesante en la encuesta de hoy de Reforma, José Antonio Meade es visto como el mayor agente de desestabilización. La continuidad entendida como el mayor peligro”.
Una posible alianza tendría que ser encabezada por la coalición Por México al Frente del PAN-PRD-MC, esa “continuidad entendida como el mayor peligro” desecha cualquier posibilidad de impulsar a Meade Kuribreña, y aclara en la figura de Ricardo Anaya la única oportunidad para derrotar a López Obrador.
La anatomía del desastre provocado por el PRI y el gobierno federal en la campaña es clara, pero habrá que despojarse de la soberbia ceguera… y el tiempo se agota.
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