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jueves, 3 de enero de 2013

Osorio Chong tendrá que reconstruir la confianza en las fuerzas federales

Hugo Páez

Por razones electorales, el equipo de Enrique Peña Nieto mantuvo en la mira durante toda la campaña a algunas instituciones de Felipe Calderón fáciles de inducir, en el discurso, a la desconfianza. El centro de ellas: la Secretaría de Seguridad Pública, cabeza de la Policía Federal que en su momento agrupó a otras como la Federal de Caminos. Ahora, el conteo del crimen organizado será la variable que compare los dos sexenios, un factor difícil de controlar y que en diciembre no pasó la prueba al registrar mas de 970 ejecuciones.
Se dirá que al inicio es imposible dar resultados, que es muy temprano para los reclamos, sin embargo transcurrió un mes, uno menos para alcanzar la disminución del 50% de los crímenes dolosos en el primer año, tal como lo pronosticó el equipo de transición.
La nueva administración ya sufre los malabares de operar y mejorar, al mismo tiempo, casi con la misma estructura de la Policía Federal que adoptó Felipe Calderón como “su legado”, un impulso ególatra que la puso en la mira, tratando de evitar el inminente desmantelamiento, ahora los nuevos mandos tendrán que demostrar la capacidad que ofreció Miguel Ángel Osorio Chong y Manuel Mondragón, cuando menos merecen el beneficio de la duda mientras se cumplen los cabalísticos cien días de gobierno para dejar las metas y la agenda clara.
Confianza y paciencia de los ciudadanos es algo que necesitará Peña Nieto. No se trata de otorgarla a rajatabla, pero si de sembrar en los ciudadanos y en la opinión pública una cierta tolerancia a errores de operación que se producen día a día en este tipo de sistemas que deben evolucionar sin detenerse.
Habrá miles de ojos puestos en la gendarmería -sobre todo en los que no comulgaron con el cambio de la SSP- para ver los tropezones.
Y en esto es muy fácil meter la pata.
Quiero pensar que para Enrique Peña Nieto fue un dilema dinamitar la confianza, aun cuando es una parte muy usual en las estrategias de campaña afectas a exaltar los yerros y debilidades del contrario, y aun cuando sus asesores señalen que la desconfianza es producto de la misma burocracia calderonista, de las mismas policías, ahora habrá que dar resultados.
Es un dilema porque aun atomizadas, transformadas o con otro nombre, Osorio Chong tendrá que trabajar con esas instituciones. Peor aún, la mayoría con los mismos mandos medios y las mismas bases, pero mas desacreditados, sin ese elemento fundamental llamado “confianza” que facilita en gran medida el éxito de la encomienda.
Francis Fukuyama dimensiona el valor de la confianza como uno de los pilares funcionales de las naciones mas exitosas. Un elemento difícil de conquistar y fácil de perder. Ese elemento que el equipo de campaña, conciente o inconsientemente destruyó creyendo fácil renacerlo a partir del 1 de diciembre, pero sobrará quien identifique y señale a esos perfiles como parte del pasado, ahora parte del presente, muchos de los cuales injustamente fueron tachados en su momento como parte de un grupo incompetente, por propósitos meramente electorales.
Hasta el momento no hay nada claro sobre el gran proyecto que pretende emerger a partir de la desaparición de las secretarías de Seguridad Pública y la de la Función Pública. Un proyecto transformador que justifique el desmantelamiento de las dos y el cambio en la Ley Orgánica de la Administración Pública General. Al parecer nadie tiene claro el concepto de la gendarmería, tal vez el general colombiano Oscar Naranjo Trujillo que se maneja en la mayor de las discreciones.
Por alguna extraña razón, tanto priistas, panistas y perredistas evitan tocar a las fuerzas armadas cuando se trata de golpear al contrario desacreditando sus instituciones. Sienten que el Ejército y la Marina deben tener consideraciones especiales, intocables, aun cuando vemos a generales detenidos por nexos con el crimen organizado. Digamos que esa libertad para enlodar a las policías de los tres niveles de gobierno se reprime totalmente cuando se trata de la SEDENA y la SEMAR.
No es una doble moral, es el tabú que domina las formas de la política mexicana. La milicia es un grupo de elite que tiene garantizado el nombramiento de dos de los suyos: el Secretario de la Defensa y del de Marina, al menos mientras evoluciona la estructura hasta llegar a un mando civil entre el presidente de la república y el máximo mando militar, un Ministerio de la Defensa, civil, como ocurre en países del primer mundo, uno de ellos Francia -Gérard Longet lleva el mando-, modelo de la Gendarmería que anunció Peña Nieto en la gira como presidente electo en ese país. La misma Colombia de Naranjo Trujillo designa a un civil como Ministro de la Defensa –actualmente Juan Carlos Pinzón- desde que en 1991 Cesar Gaviria tomó la decisión para evitar presiones de los militares que consideraban al general Ministro en turno la máxima autoridad de la nación.
La disciplina y lealtad militar en México dista mucho de esos temores, sin embargo es una evolución operativa que amerita tomarse en cuenta, un claro ejemplo que sufrió Felipe Calderón fueron las constantes patadas bajo la mesa de las Secretarías de la Defensa, la de Marina y la SSP, en constante competencia por ver quien atrapaba y presentaba al criminal mas pesado, una contienda insana que provocó letargos y la parálisis de uno y otros. Peña tendrá que resolver ese pendiente o repetirá el vía crucis de Calderón.

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