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jueves, 10 de enero de 2013

Eduardo Medina Mora siempre se levantó

Hugo Páez

En el comedor de la Procuraduría General de la República, Eduardo Medina Mora me comentó en una tarde del 2009 que la prohibición de la psudoefedrina y efedrina en medicamentos antigripales, era una medida necesaria para el combate al crimen organizado.
En esos momentos de Felipe Calderón en la Presidencia de la República las autoridades estaban convencidas de que ese tipo de acciones darían resultados, que tendrían un gran impacto en la producción de metanfetaminas fabricadas por narcotraficantes a partir de adquirir legal o ilegalmente en farmacias los antigripales. Después me enteré que era un proyecto funcional en Colombia.
Posteriormente me lo encontré en Washington, todavía como procurador, platicamos del mismo tema y en esos ayeres tenía fechas aproximadas en que la fuerza del estado controlarían la inseguridad a niveles “muy aceptables”. José Luis Santiago Vasconcelos era su titular de la SIEDO y en varias ocasiones me confirmó esas fechas que nunca llegaron.
Imagino que Eduardo Medina Mora cambió el razonamiento, algo de eso se vio el martes en el Senado que lo ratificó al día siguiente como embajador en Estados Unidos. Tendrá que mediar entre la política exterior de Enrique Peña Nieto, encaminada a enterrar el combate a la inseguridad en la lista de prioridades y el impulso del Congreso y las agencias antidrogas para que México siga poniendo los muerto. Felipe Calderón nunca logró montar en la percepción los programas sociales y el bienestar común, la violencia aparecía en los primeros planos, como en diciembre del 2012 y el inicio del 2013.
Al poco tiempo de ser convocados por Felipe Calderón, iniciaron los constantes enfrentamientos entre Medina Mora y Genaro García Luna que obligaron al Presidente a tomar una decisión en septiembre del 2009, optó por enviarlo de embajador a Inglaterra.
En estos momentos no está claro el futuro de Genaro, a diferencia de la gran encomienda que le otorga Enrique Peña Nieto a Medina Mora en el país mas poderoso del mundo, pero mas consumidor de droga y productor de las armas que utiliza el crimen organizado en nuestro país, aun cuando el Departamento de Estado norteamericano alegue que una gran parte del arsenal son de manufactura externa, es decir, de Europa y Asia.
Observo el video de la protesta de Eduardo en el Senado como embajador en Estados Unidos, al retirarse de la Tribuna una incidental caída en un escalón que no vio, me recuerda que siempre se levantó, en buena parte gracias a su natural diplomacia e inteligencia emocional, la mas difícil de mantener. Aquella tarde en el comedor de la PGR le decía que la autoridad trataba de solucionar un problema, el de las metanfetaminas, coartando la libertad de los ciudadanos a utilizar medicamentos efectivos, respondió que la gripe no se quita con nada y que los medicamentos con pseudoefedrina –antigongestivo sistémico- solo hacían sentir bien al enfermo. ¡De eso se trata..!, respondí, de sentirte bien para poder estar activo ya que el virus cumplirá su ciclo con o sin malestar del enfermo.
Comenté también mi desacuerdo con el papel del estado paternalista que decide que consumimos o no los adultos, y menos para un trabajo que deben solucionar las autoridades, no los ciudadanos sacrificando sus libertades. No hubo resultados, ahora mas que nunca, con todo y esa restricción que tiene mas de tres años, las drogas sintéticas, muchas con base en anfetaminas, son las dominantes.
Estoy seguro que Medina Mora, con su experiencia en el tema de seguridad será un factor importante en la cooperación bilateral contra el crimen organizado. Conoce los tiempos del estado norteamericano, de las mecánicas parlamentarias y electorales que ejercen gran influencia para aumentar o disminuir su atención a los problemas con el vecino del sur.
Lo sufrió en carne propia. Me comentó en Washington que los recursos del Plan Mérida en esos momentos habían sido congelados ya que la prioridad de los partidos, candidatos y legisladores en la elección presidencial era otra. Mientras tanto, Felipe Calderón se comía las uñas en una lucha contra el crimen organizado que aumentaba mes a mes las muertes dolosas, hasta que George Bush le dejó el camino a Barak Obama y poco a poco continuó el flujo de recursos en equipo, armas, aeronaves, capacitación, entrenamiento, sistemas de inteligencia, etcétera.
Seguramente está conciente de la posición geocéntrica que mueve las decisiones norteamericanas. En ningún momento los reclamos de Calderón sobre la producción y distribución de armas que han provocados decenas de miles de muertos en México, movieron alguna voluntad para controlarlas. Puede mas la tragedia a partir de la locura social de ciudadanos comunes convertidos en francotiradores aterrorizando y asesinando en escuelas, cines y centros comerciales. Ese terror al acecho en la vida cotidiana que obliga al rearme de trabajadores y maestros de escuelas, los hace repensar la demencial libertad de poder comprar todo tipo de armas de fuego.

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