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martes, 10 de mayo de 2016

Golpe mediático orquestado, traslado del Chapo y expulsión de tres priistas

Hugo Páez
   
El mismo día en que Manlio Fabio Beltrones dio a conocer la expulsión de tres candidatos del PRI a la alcaldía de Tamaulipas, por presuntos vínculos con el narcotráfico, la Comisión Nacional de Seguridad anunció el traslado de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera al Cefereso 9 de Ciudad Juárez.
Un movimiento de fácil cálculo en medios de comunicación y en redes sociales.
El gobierno federal refresca la victoria de la recaptura del capo más buscado del mundo en el centro del calendario electoral, los medios reviven los reportajes, las escenas y las conferencias de prensa del gobierno federal, en sincronía, el presidente del PRI pone el ejemplo de limpieza en su propia casa al expulsar a los candidatos en Hidalgo, Mainero y Villagrán, en un estado con la enorme lápida a cuestas de su partido por los dos ex gobernadores priistas prófugos de la justicia, reclamados por Estados Unidos: Tomás Yarrington y Eugenio Hernández.
El dudoso pretexto de la rotación de reos del penal que mejor  cumple las certificaciones, dicho por Miguel Ángel Osorio Chong el 13 de julio del 2015: “El penal opera bajo estricto cumplimiento y protocolos de los estándares internacionales de máxima seguridad”, al Cefereso 9 de Ciudad Juárez, el peor calificado por la CNDH de los 21 penales evaluados, refuerza la necesidad del PRI por consolidar un discurso con elementos sólidos, con ejemplos de verdadero combate al crimen organizado y en consecuencia a la inseguridad, el primer problema en la percepción de los electores.
En las tres semanas restantes al cierre de campañas habrá que echar mano de elementos de impacto nacional, los candidatos no hacen compromisos de guerras locales contra el crimen y el narcotráfico, algunos se dicen amenazados mediante mensajes de terceros y muestras del poder violento, otros no necesitan amenazas, se limitan a dejar pasar, y los más temerarios hacen acuerdos.
En este guión se inscribe el juicio de desafuero a la diputada sinaloense impulsada por el PAN Lucero Sánchez López, hoy dictamina el priista Ricardo Ramírez, presidente de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados y pasará el caso a la Jucopo de César Camacho Quiroz, así que el juicio será un hecho la próxima semana en periodo extraordinario de un día. Ricardo Anaya Cortés podrá regresar uno que otro golpe sin mayor punch, bajo el riesgo de una mayor andanada mediática, así se fueron construyendo las condiciones para que el PRI logre las nueve gubernaturas prometidas.
Los candidatos permanecerán en la simulación, un ejemplo claro lo viví antes de la selección con los aspirantes a gobernar Sinaloa. Hablé con media docena de los nombrados en el PRI, ninguno quiso tocar la lucha contra el narcotráfico en su entorno. De hecho en el debate el 26 de abril (columna http://goo.gl/GzM0Nh) los tres candidatos mejor posicionados: Quirino Ordaz Coppel (PRI), Martín Heredia (PAN) y Melesio Cuén (PAS-MC) evitaron totalmente el combate a los conocidos cárteles y a sus líderes.
Previo a la selección de candidatos, el PAN sinaloense estaba en el centro de la tormenta por el escándalo de la diputada Lucero Sánchez, acusada de nexos con Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. En ese momento no sabían cómo terminaría el desmantelamiento del Comité Directivo Estatal y la limpia del designado Federico Döring Casar, y, en consecuencia, ningún posible aspirante mostró el rostro. Heriberto Félix Guerra se descartó y Manuel Clouthier Carrillo rechazó la oferta de una candidatura de unidad con el PRD.
Probablemente los aspirantes del PAN habrían tomado la misma postura que los priistas en un estado donde el narcotráfico es parte fundamental de la historia, donde no se ha probado la alternancia más allá de la simulación opositora de Mario López Valdez, y la relativa calma es parte de una especie de pacto social de no agresión mutua en todos los niveles: física, del lado del crimen organizado, y político-verbal del lado de los partidos, líderes sociales, ONG´s e instituciones de todo tipo.
Así que el resultado es la relativa calma socialmente aceptada que puede resumirse en frases como: “Los narcos no se meten con la gente”, como si el terrible aumento en el consumo de estupefacientes y la proliferación de clínicas de rehabilitación no fuera un daño brutal; o: “En Sinaloa los cárteles son más profesionales, saben su negocio y no se meten con la población”, como si todo el sicariato, los adolescentes reclutados, los narcomenudistas, la cultura de las “buchonas”, y los agricultores sometidos, fueran extranjeros, eso sin contar los daños al nivel vida por la rupestre narcocultura que contamina todo.
Pero El Chapo Guzmán en estos momentos electorales es el antihéroe que resume las victorias del Estado contra el crimen organizado, y si para eso es necesario pasearlo por otro penal, se toma el riesgo que caray, 12 estados en juego valen la pena.
   
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