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martes, 7 de enero de 2014

El general Mireles

Hugo Páez

         Consulto con un funcionario de primera línea, inmerso en este conflicto de Michoacán en el sexenio de Felipe Calderón. Asegura que la aparición de José Manuel Mireles como uno de los actores principales es relativamente nueva, no figuraba con fuerza en el escenario, aun cuando se percibe un arraigo de por vida.
El líder de las autodefensas michoacanas transita en el umbral de la ilegalidad sin mayor problema, las imágenes de su grupo armado y sus declaraciones es una muestra de justicia por propia mano, una dimensión alterna al estado de derecho que parece funcionar en el combate al crimen organizado en Tierra Caliente, tal como lo hicieron los grupos paramilitares en Colombia en los 70´s contra la guerrilla y los cárteles asociados.
El accidente en la aeronave que se dirigía de Guadalajara a Tecalpatepec Michoacán dimensionó la verdadera importancia de Mireles Valverde para el gobierno de Michoacán y el federal, sin importar su tránsito por la ilegalidad pero legitimado en las comunidades asediadas por el crimen organizado. Fausto Vellejo, Jesús Reyna y las fuerzas federales lo toleran por su efectividad, igual que Ángel Aguirre Rivero en Guerrero con las autodefensas.
Mireles es general en su propio ejército, pieza bien cuidada por la Sedena, la Policía Federal y los mejores servicios médicos. El hombre clave para mantener un remedo de estado de derecho en la zona más conflictiva del estado, una meta hasta el momento capaz de cumplir por la autoridad formal.
         En Colombia las fuerzas paramilitares construyeron la ruta corta, hicieron posible legitimar las fuerzas del gobierno central en las comunidades más conflictivas, facilitaron el trabajo, y poco a poco fueron aceptados hasta el desplazamiento relativo de los civiles alzados contra la guerrilla y el narcotráfico. En los 90´s se sobredimensionaron hasta crear las Autodefensas Unidas de Colombia. El objetivo fue permear la base social, sostén de los grupos criminales, para desplazarlos por otros grupos civiles armados, “los buenos”, pues. Sin embargo algunos de estos alcanzaron la fuerza necesaria para doblar al gobierno y poner sus propias reglas.
         Nada extraño sería repetir parte de esa historia a partir de los consejos del general colombiano Oscar Naranjo, ya que, aun cuando dejó de asesorar formalmente a Enrique Peña Nieto antes de tomar posesión, ahora le sobra tiempo después de la frustrada candidatura presidencial. Podría ser parte del gabinete de Juan Manuel Santos, el presidente – candidato puntero, ubicado en las encuestas muy por encima de Oscar Zuluaga Escobar, el delfín de Álvaro Uribe.
         Resulta extraño ver a un líder civil armado al frente de un grupo de defensa. Tan extraño como resultaría toparse en Iztapalapa, Nezahualcoyotl o las zonas conflictivas de Monterrey y Guadalajara  con filtros de vecinos ataviados con radios, fusiles de alto poder y equipo de defensa. 
         Pero esa anormalidad se volvió parte del paisaje en varios estados. Una normalidad que contrasta con el México de las reformas, el de la esperanza de crecimiento del 4% en este año y el 5% en el 2018, el de hombres enlistados en el “top” de Forbes. Mientras tanto Fausto Vallejo pidió ayer que se despolitice el tema de la seguridad en Michoacán y que se aplique la Ley de Armas y Explosivos. Pobres michoacanos.

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