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martes, 1 de noviembre de 2016

Un país que necesita a sus a militares para resolver problemas internos es un país jodido

Hugo Páez

“La pobreza no te deja de otra, nuestros hijos se van a la ‘maña’ o de guachos (soldados)”, es la respuesta de Don Julio, un campesino de la sierra de Durango en colindancia con Sinaloa y Chihuahua, el Triángulo Dorado. Es la respuesta que se repite en todo el país.
Brincar a Estados Unidos es la salida de los más pobres entre los pobres, estos son los migrantes de Honduras, El Salvador y Guatemala, ya que el flujo de mexicanos decreció y la narcocultura es el nuevo modelo promovido por las narcoseries.
La ONG México Evalúa confirmó ayer las cifras de miedo por el aumento acelerado de crímenes dolosos en los últimos dos años “Estamos a 200 muertes de los tiempos más críticos de Felipe Calderón”, asegura la organización de Edna Jaime.
Y ayer mismo la realidad rebasa el pronóstico, un vengador anónimo en la carretera México - Toluca ejecuta a cuatro asaltantes frente a pasajeros tolerantes, hastiados de la inseguridad. Nadie vio, en ese remedo de Fuente Ovejuna, una realidad sociológica del siglo XV, muy actual en el Estado de México.
A esta realidad habrá que sumar las ejecuciones en Sinaloa, las siete muertes dolosas en promedio diario desde la toma protesta de José Rosas Aispuro en Durango, y el infierno que enfrenta Javier Corral Jurado en Chihuahua, mientras el general Secretario Salvador Cienfuegos Zepeda trata de convencer a un grupo de senadores, entre ellos el presidente de la Comisión del tema, Fernando Torres Graciano, de modificar el marco legal para los operativos militares en las calles, a 10 años de estas labores.
El método sigue sin funcionar, la Coparmex en voz de Gustavo de Hoyos pide la desincorporación de la Secretaría de Seguridad Pública, de Gobernación, Miguel Osorio Chong y Renato Sales Heredia se oponen, una decisión técnica en ese sentido implica un fracaso político que no está dispuesto a asumir el aspirante presidencial que envía señales de control total, vía apologistas que lo describen en una tarea frenética frente a monitores y en paneles empresariales con un poder de convencimiento que lo imaginan ataviado con la banda presidencial.
Las cosas van mal, pero la corrección política posterga la solución de problemas. Aquí es donde el Estado Mexicano necesita la voluntad en el Senado de Emilio Gamboa Patrón, Fernando Herrera Ávila y Miguel Barbosa Huerta para marcar rutas efectivas a mediano y largo plazo con el propósito de reconstrucción del tejido social.
Imposible implementar programas sociales efectivos y combatir la pobreza cuando el presidente opta por un amigo en Sedesol, Luis Miranda Nava, y no el perfil especializado en la materia, sin sesgo partidista.
En México se combate el hambre, no la pobreza, esa que empuja a los jóvenes a la ‘maña’ o trabajar de ‘guachos’, como dice Don Julio en la sierra de Durango. Lo demuestran las cifras del Inegi y del Coneval con registros en el 2015 de aumento del problema, por ejemplo, del 2012 al 2014 se incrementó en dos millones de pobres, para alcanzar el 55.3 millones, la pobreza extrema bajó un décimo, de 11.5 a 11.4 millones.
En la desesperación enviamos al Ejército de Cienfuegos y a la Marina de Vidal Soberón Sanz a una guerra sin protección legal, que con el tiempo podría ‘fusilar’ a sus elementos en tribunales nacionales e internacionales de derechos humanos, cuando el debate debería conducir al mando civil de la Secretaría de la Defensa Nacional, una visión de las democracias liberales, a diferencia de México que junto con Venezuela, Guatemala, Nicaragua, Cuba, El Salvador y Bolivia, permanecen en el rezago de los países del continente americano con mandos militares en la Secretaría o Ministerio de la Defensa Nacional.
El hecho es que un país que necesita a los militares para resolver sus problemas internos, es un país jodido.
    
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