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jueves, 27 de noviembre de 2014

Adiós Cuauhtémoc, no pasa nada Carlos

Hugo Páez

No creo en los caudillos, ni en la pontificación de los liderazgos morales.
Cuauhtémoc Cárdenas abandona el PRD cuando más daño le hace. Suelta amarras en el ojo de una tormenta que no le tocó como capitán de barco. No reunió el consenso total, como lo exigía, para evitar las urnas de la interna frente a Carlos Navarrete.
Aun cuando se decida apoyar a Miguel Mancera fuera del partido, su decisión resulta incómoda como Coordinador de Asuntos Internacionales de la Ciudad de México. El Jefe de Gobierno no sólo avaló el triunfo de Navarrete, posó como figura central en la foto oficial del triunfo el 5 de octubre, y recibió la frase de cortesía: “precandidato del PRD a la presidencia de la república”.
Cuauhtémoc nació en el poder. Sus primeros recuerdos se construyen a la par de la Residencial Oficial de Los Pinos. Llega de 10 meses en brazos de Lázaro y Amalia, y sale a los cinco años. Tres veces intentó llegar por propio mérito, no pudo, fue derrotado, como hubiese sido derrotado en la contienda interna por Carlos Navarrete. Pero años antes quedó empequeñecido por la sombra de Andrés Manuel López Obrador.
Tal vez se olvida el hijo de “El Tata” Lázaro de las lágrimas de Leonel Godoy en el 2005, con las manos en el timón interino del PRD. El ingeniero amenazó abandonar el barco, con un pie en la borda, pero al final los dos rieron felices. El chantaje funcionó.
En esas cotas de la línea del tiempo, su hijo Lázaro despachaba en la casa de gobierno de Michoacán. Su incompetencia permitió el cimiento de los grandes grupos criminales, al mando de Nazario Moreno “El Chayo” y Servando Gómez “La Tuta”, este último tan afianzado que sigue libre como pesadilla del Comisionado Federal Alfredo Castillo.
En el 2007 el entonces gobernador Lázaro Cárdenas Batel se lo informó a otro michoacano, Felipe Calderón Hinojosa, no pasó nada. Posteriormente entregó la estafeta del gobierno a Leonel Godoy, hermano del prófugo ex diputado Julio César, vinculado al crimen organizado y protegido por la bancada de Alejandro Encinas en la Cámara de Diputados.
Encinas y el grupo parlamentario del Sol Azteca lo dotaron de fuero constitucional para burlar la ley, ahora como senador, falló en su intento contra Los Chuchos, Cuauhtémoc Cárdenas perdió toda esperanza el 7 de septiembre del 2014 en la reveladora elección interna donde la corriente Nueva Izquierda alcanzó el 60% de los Consejeros Nacionales.
En la foto del triunfo oficial del domingo 5 de octubre pasado aparecen las manos unidas de lo que será la fuerza de operación electoral del PRD en el 2015 y 2018: al centro, el Jefe de Gobierno del DF Miguel Mancera acompañado por Arturo Núñez de Tabasco, Gabino Cue de Oaxaca, Jesús Zambrano, Carlos Navarrete, Graco Ramírez de Morelos y el entonces gobernador de Guerrero Ángel Aguirre Rivero. La fuerza de los estados y el Distrito Federal con la directiva saliente y la entrante de Los Chuchos.
La ausencia de Cuauhtémoc, de Encinas y Miguel Barbosa en la gráfica es evidente, la de Silvano Aureoles Conejo sirvió para cumplir formas al no incluir a los coordinadores parlamentarios.
Pero en ese momento el líder moral del PRD, él que rechazó competir por la presidencia del partido por la vía democrática, olió sangre y pidió la renuncia de Navarrete y toda la dirigencia. El día de la foto, el pleno y los coordinadores decidió la expulsión de José Luis Abarca Velázquez por los hechos en Iguala el 26 de septiembre con 6 asesinados y 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.
La crisis escalaba del municipio al estado, y de ahí a la nación. Eran los días de las fotografías reveladoras de Abarca con figuras como el senador Armando Ríos Piter, el líder de MORENA Andrés Manuel López Obrador, Carlos Navarrete, y, por supuesto, el gobernador Aguirre Rivero. En ese ánimo de preocupación sumaron el mal tino de la entrevista de Abarca con el todavía presidente del partido Jesús Zambrano, el lunes anterior.
Pero ese domingo 5 de octubre, Cárdenas no imagino lo que vendría el miércoles 8. Caminó en la plancha del Zócalo, rodeado de manifestantes convocados por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, en medio de furiosos gritos: “Traidor”, “Asesino, asesino”, “No a la violencia”. La agresión fue brutal, lo expulsaron del contingente y emprendió la angustiosa huida hasta la calle 20 de noviembre.
Un final triste con sudor y lágrimas, con desmoronamiento de imagen, y la vergüenza por el partido que fundó 25 años atrás. Cuauhtémoc se va a los 80, enojado y cansado. Pero la vida del PRD sigue, y le queda a Carlos Navarrete demostrarlo.
Decir que el país necesita una izquierda sólida no es un cliché, es una extremidad vital que no se debe amputar en un país en crisis.

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