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jueves, 20 de noviembre de 2014

Aristegui ¿a quien más se pudo referir la sospecha presidencial..?

Hugo Páez

Directo y sin improvisar, el discurso del presidente Enrique Peña Nieto el martes en el Estado de México, siembra dudas sobre el propósito de Carmen Aristegui, más allá del interés periodístico, aun cuando fue negado por el vocero de Presidencia Eduardo Sánchez.
El segundo tema, como lo llamó Peña Nieto, fue la continuidad sobre su percepción por los hechos violentos “al amparo del dolor” por el caso Ayotzinapa, afirmó: parecieran propósitos desestabilizadores.
Sin lugar a dudas la continuación tiene un destinatario: el reportaje de Carmen Aristegui sobre la casa de Angélica Rivera en Sierra Gorda 150 en Las Lomas de Chapultepec, titulado: “La casa blanca de Enrique Peña Nieto” (http://goo.gl/aC28IX).
En un evento con el gobernador Eruviel Ávila, Enrique Peña Nieto señaló: “Siguiente tema que quiero abordar, y del que soy sensible, y no sé si esté vinculado a esto que pareciera un afán orquestado por desestabilizar y oponerse al proyecto de nación. En días recientes, y justamente, cuando emprendía una gira de trabajo, surgieron señalamientos sobre una propiedad de mi esposa. Una propiedad en la que han señalado un sinnúmero de cuestiones y falsedades que no tienen sustento alguno. Hoy quiero decirles que le pedí a mi esposa, siendo la propiedad de ella, que le aclare a la sociedad mexicana y ante la opinión pública, cómo fue que se hizo de esta propiedad y cómo fue que la construyó”.
La frase “...y no sé si esté vinculado a esto que pareciera un afán orquestado por desestabilizar y oponerse al proyecto de nación.” no confirma, pero siembra la duda, y abre la posibilidad de que Carmen sea parte de ese “afán” (¿plan? ¿estrategia? ¿ganas?) desestabilizador, como parte de un presunto plan maestro conformado por los hechos violentos en Guerrero, Oaxaca y el Distrito Federal, principalmente.
Habría que preguntarle a la periodista de MVS si forma parte de ese afán desestabilizador, para despejar cualquier duda expuesta por el titular del Poder Ejecutivo. No es para dejarlo en el olvido.
El presidente Peña Nieto agregó en ese segundo tema: “Creo que lo que tiene esto de positivo es llamar a todos quienes tenemos responsabilidad pública, a ser muy claros en cuanto al patrimonio que hemos formado, a ser transparentes en aquello que tenemos, pero lamento que en el marco de todo este clima de consternación, levanten señalamientos infundados y con aseveraciones como puntualicé hace algunos días, totalmente imprecisas”.
Tiempo de pequeñeces que parecen montañas. De terror cuando vemos que con tan pocos, se puede tener la percepción de desestabilizar a un país.
El fin de semana me tocó vivirlo, en algunas de las casetas tomadas en la Autopista del Sol México - Acapulco no rebasaron los 30 jóvenes, unos con camisetas en el rostro -ni siquiera pasamontañas-, otros con paliacates. El fácil abandono de la autoridad es verdadera alfombra roja. Lo vi en la primera, y tres posteriores estaciones de cobro.
En Chilpancingo la organizada Ceteg pudo llegar a 200 elementos para incendiar, tomar el Palacio Municipal y bloquear y saquear algunos comercios. Ni lejanamente conformaron un “ejército” incontrolable.
Así todo el trayecto de Morelos y Guerrero, del viernes 15 al lunes 17, con un cierre de tragicomedia: en la segunda caseta al salir de Acapulco un pequeñísimo grupo de no más de 15 estudiantes, aparentemente preparatorianos, cobraron “cuotas” de $50 pesos desde el interior de las casetas, para dar cambio.
El viernes 17, un grupo comunitario en Tres Marías Morelos desquició brutalmente el tránsito de Autopista, desde las 9:00 a las 17:00 horas. Cientos de miles de visitantes no sólo frustraron su viaje, quedaron atrapados durante 8 horas.
Las protesta exprés y ganas de sacar unos pesos -eso es el boteo y la “cuota voluntaria”- costaron 500 millones de pesos a los hoteleros y comerciantes de Acapulco. Así la aritmética de la inacción que se asume como políticamente correcta.
No sólo preocupa, aterra que media docena de salones de clases de 40 o 50 estudiantes y un puño de maestros, en busca del chantaje económico, con el pretexto de la tragedia de Ayotzinapa, es suficiente para “desestabilizar” a un país. No lo creo, pero es el lenguaje oficial.

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