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jueves, 1 de marzo de 2012

El Papa que desairó a la Guadalupana

Hugo Páez

         En el simbólico primer viaje del Papa Benedicto XVI a México, no visitará el bastión del catolicismo mas importante del continente Americano: la Basílica de Guadalupe.
         La extraña omisión en la agenda papal es una muestra de la efervescencia política al interior de la Santa Sede. Atmósfera que recuerda los últimos años de Juan Pablo II, en los que delegó la toma de decisiones a un grupo que respondía mas a intereses cofrades, que a la misión histórica de la Iglesia Católica.
        Qince minutos de oración al pie de Guadalupe en el Tepeyac bastarían para coronar la visita de Benedicto XVI. Juan Pablo II lo hizo en múltiples ocasiones. Según las crónicas de sus fieles, en el primero exhalaba una espiritualidad especial que continuo en la segunda, tercera y cuarta de sus visitas. Indudablemente, el heredero de la silla de San Pedro elevó la fe de los creyentes, postrado con humildad en el santuario de América por excelencia.
El próximo 23 de marzo no habrá tal cosa, Benedicto XVI llega a la ciudad de León Guanajuato y no viaja a la capital del país, presuntamente por la altura de la ciudad de México que podría afectar su salud. Un argumento débil, cuando la diferencia de alturas entre las ciudades es solamente 436 metros. León se sitúa 1,804 metros sobre el nivel del mar y el Distrito Federal a 2,240.
La terrible omisión es atribuíble a la efervescencia política al interior del Vaticano. Joseph Ratzinger mantiene abiertos varios frentes entre los que se encuentran los casos de Pedofilia, su posición sobre el uso del condón y el SIDA, la integración de los obispos Lefevrianos, y su enfrentamiento con el mundo islámico, además de un desarrollado interés intelectual que le obliga a delegar funciones, en el entendido que la estructura de la Santa Sede optará por las mejores decisiones. Sin embargo, la historia final que vivió Juan Pablo II demuestra lo contrario.
         Los rumores sobre una posible renuncia de Benedicto XVI no carecen de sentido. Su salud se deteriora y dista mucho del profundo misticismo de su antecesor, considerado incapaz de dejar la silla antes de la muerte.  Joseph Ratzinger no tendría que consultarlo con nadie, ni siquiera con el colegio cardenalicio a quien pediría realizar un cónclave para nombrar sucesor, en el que ni siquiera actuaría como un cardenal elector por rebasar la edad permitida.
         Impresiona el peregrinar de millones de fieles a la Basílica de Guadalupe durante todo el año. Sortean todo tipo de obstáculos físicos y económicos; superan los enormes esfuerzos que parecen triviales, ante el impulso de la fe que los lleva al bastión mas importante del catolicismo en América, el segundo mas visitado del mundo, el cual, al parecer no tuvo la suficiente importancia para los organizadores del primer viaje del Benedicto XVI a México, quien podría ser recordado como El Papa que desairó a la Virgen de Guadalupe.

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