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martes, 21 de febrero de 2012

“Yo ya no me pertenezco”, el delirio de AMLO

Hugo Páez

         Andrés Manuel López Obrador debe estar muy cansado, pero de rectificarse a si mismo.
         Comentó ayer en un programa de MVS Radio que de nuevo fue mal interpretado en una grabación con empresarios, donde afirmó que estaba muy cansado, y de no ganar la elección presidencial “Ahora si me voy a la chingada”.
         Se dice acechado por el mercenarismo de periodistas y medios de comunicación. Reprocha que utilicen sus dichos, como crítica; y evoca la campaña en su contra a partir de la frase con la que atacó al entonces presidente Vicente Fox Quezada con el desproporcionado: “Cállate chachalaca”.
En el recuento de daños mediáticos, excluye, por ejemplo, la reacción de la prensa y redes sociales contra Enrique Peña Nieto, provocada por el dislate de los libros en la FIL de Guadalajara; también hizo a un lado la oleada de críticas contra el entonces precandidato oficial Ernesto Cordero Arroyo por sugerir que las familias mexicanas podrían arreglárselas con seis mil pesos.
         Pero tal vez lo mas preocupante en una persona que quiere gobernar el país, es hacerlo como parte de una misión superior, de pertenencia cuasi divina. Andrés lo dijo frente a una sorprendida Aristegui “Yo ya no me pertenezco”, frase que le atribuye al periodista Julio Scherer, pero que asume como una sentencia reveladora, que nos ayuda a entender su misión.
El candidato que se dice capaz de perdonar a las televisoras que lo boicotearon, y a los empresarios que lo atacaron en la contienda presidencial del 2006.
         Mas allá del folclore de la frase “Me voy a la chingada”, López Obrador tendrá que convencer que no está cansado; una situación de franca debilidad en un aspirante presidencial, al que se le impone un ritmo pesado y constante durante seis largos años.
         Inmerso en generalidades, vendiendo amor y buenos propósitos,  sin precisar los comos, el virtual candidato de las izquierdas trató de reparar en MVS Radio un resbalón que le va a costar capital político; como podría costarle a Josefina Vázquez Mota y a Enrique Peña Nieto. De Gabriel Quadri, los números se antojan tan pequeños, que no arriesga mas allá del registro de partido, al parecer, asegurado por la estructura del magisterio.
         Andrés Manuel se mueve en un espacio de conveniencia con la esperanza de que le ayude a revertir los terribles negativos reflejados en las encuestas. Es el peor de los candidatos en este rubro, gracias al temor que aun proyecta en un sector de la población.
No tiene mas opción que mostrarse tolerante, ridículamente amoroso, y capaz de abordar sus proyectos de nación sin despertar el pánico de antaño en empresarios y la clase media. Promete combatir los monopolios, sin expropiarlos; asegura que ni siquiera conoce al presidente venezolano Hugo Chávez, y con René Bejarano no existe relación alguna.
         Andrés Manuel tendrá que superar la prueba de las encuestas; si persiste en un tercer lugar poco podrá hacer para pelear la presidencia y tendrá que irse a su finca. Y esa no se llama La Chingada.