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jueves, 23 de junio de 2011

El Ejército tiene razón y no, de estar encabronado

Hugo Páez

         El Ejército tiene razón y no, de estar encabronado.
Nunca como en este sexenio tuvieron mejoras salariales, prestaciones, equipo, adiestramiento y un crecimiento como primera fuerza en el país. Nunca antes de Felipe Calderón pensaron que sus hijos tendrían oportunidades a la mano de cursar licenciaturas en universidades privadas como el Tec de Monterrey, Anahuac, Ibero, etcétera.
Sin embargo, las estrellas se ganaron a pulso, cuando menos desde la perspectiva del presidente de la República y sectores de la sociedad que los ven como los únicos garantes capaces de meter al orden al crimen organizado.
         Desde otra perspectiva, a pesar de que las fuerzas armadas han sido fundamentales en la lucha contra el crimen organizado, los desaciertos, que en número son muy menores, los meten en una espiral mediática que no existió en otros tiempos, por lo tanto, la capacidad de lidiar con la opinión publicada los tomó desde principio del sexenio con una inexperiencia que se ha venido revirtiendo a fuerza de resistir embates de organismos de derechos humanos nacionales e internacionales, la prensa y las propias organizaciones criminales que aprovechan el impacto de las narcomantas y la escandalosa cifra de muertes dolosas.
         Pero el resultado de sumas y restas es positivo.
Tal vez no con la comodidad acostumbrada a recibir solo palmadas, pero un crecimiento sólido en cualquier estructura de ese tamaño necesariamente es producto de considerarla imprescindible.
         En las Fuerzas Armadas corre la versión de que la tropa rechaza la lucha contra el narcotráfico, las enormes jornadas de siembra de árboles y labores de albañilería, simplemente porque gran parte de su base proviene del campo y de los trabajos mas pesados. Pero si el ejercito se mantuvo durante décadas como un cuerpo de salvación en casos de desastre, y para presumirlo en desfiles, ese fue el motivo de su estancamiento; una megaestructura de esas dimensiones no resiste un análisis financiero de costo beneficio, por eso los salarios al principio del sexenio de Calderón oscilaban entre cuatro y seis mil pesos en los niveles bajos, con la desventaja, comparada con otras profesiones, de que no podían desempeñar un segundo trabajo.
         El ejército comete errores, unos muy mediáticos como la detención de Jorge Hank Rhon, atribuibles al comandante de la región militar que se escuda en un manual de procedimientos, pero que en el resultado final emboletó a toda la institución y al presidente de la república. Y otros errores graves, como los civiles asesinados en retenes, y la muerte de los dos estudiantes del Tec de Monterrey en fuego cruzado en la avenida Eugenio Garza Sada donde queda la misteriosa desaparición de sus credenciales para presuntamente hacerlos pasar por sicarios.
Nunca como hoy el Ejercito está expuesto al escrutinio civil, ni siquiera en la masacre de estudiantes del 68 a que se refirió Felipe Calderón en la universidad de Stanford California, Estados Unidos, para hacer ver al “viejo régimen” -PRI por supuesto- como criminales que aplicaban la bota y controlaban a la opinión publicada, además de robarse elecciones y mantener al país en permanentes crisis económicas.
Y nunca como hoy la sociedad mexicana consideró al Ejército como imprescindible para resolver el problema que se mantiene en primer lugar desde diciembre del 2006: la inseguridad.
Tal vez esa dualidad de ser muy necesarios y a la vez muy criticados carezca de lógica para el primer círculo del general Guillermo Galván Galván, sobre todo para una estructura militar que en su interior -este estimado es personal- deja pocos espacios para la autocrítica, o esa catarsis está reservada solamente para ciertos niveles o mandos. Es el kernel de la milicia.
         Los ejércitos en el los países desarrollados sufrieron un cambio importante después de la Guerra Fría con la aparición de numerosos organismos de derechos humanos. Lo que en la historia fueron “libertades” cobijadas por códigos de mando, en el presente son límites sufrieron una contracción incómoda y un escrutinio que ha desatado el debate público sobre el papel de las Fuerzas Armadas en operativos civiles contra el crimen.
Integrantes del Parlamento Europeo de visita en México se pronunciaron porque en el país los militares sean juzgados en tribunales civiles, y pidieron en general que en la lucha contra el crimen organizado se respeten los derechos humanos. Los miembros de la Subcomité de Derechos Humanos del Parlamento Europeo destacaron que en nuestro país hay algunas deficiencias entre las que están la impunidad que llega al 90% en la persecución de los delitos, la falta de protección a testigos para perseguir a delincuentes y aumentar la capacidad de las fuerzas de seguridad y tribunales.
Richard Howitt, presidente de esta comisión criticó que las cifras de combate a la delincuencia del país indican que éstas no han bajado. Afirmó que una lucha como la que se libra en el país contra el crimen organizado no puede seguirse sin respetar a las garantías individuales, de lo contrario ninguna lucha de este tipo será exitosa, por lo que los legisladores pidieron que se ponga prioridad a este tema en el gobierno federal.
La vicepresidenta del Subcomité de Derechos Humanos del Parlamento, Laima Andrickiene dijo que no es nada alentador que en la guerra contra el crimen organizado hasta ahora hayan perdido la vida más de 40 mil personas, por lo que se pronunció porque se investiguen a fondo los crímenes y que los funcionarios tengan la voluntad política para llevar ante la justicia a los responsables.
México, considerado uno de los países mas violentos del mundo, que provoca en otras naciones recomendaciones para que sus ciudadanos eviten visitarlo, indudablemente es foco de atención internacional, aún cuando el consumo de drogas mayor del planeta este al norte de nuestra frontera.
Si las mismas autoridades de seguridad pública federales consideran que esto va para largo, va a ser muy desgastante transitar entre la euforia de los éxitos y la furia de los fracasos, sobre todo ahora que estará omnipresente el factor electoral. Mente fría, no hay más.

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