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jueves, 23 de julio de 2009

Si hay diferencia, un presidente del PRI no permitiría una insurrección

Hugo Páez

Me comenta Humberto Aguilar Coronado que Cesar Nava arriesga mucho en esta zaga rumbo a la presidencia del PAN, y recuerda que su salida de Los Pinos no fue precisamente grata. Luego entonces, en esta encomienda mete su resto y eso incluye la otra opción, la de coordinar la bancada del PAN en la Cámara de Diputados, desechada por tratar de tomar la estafeta de Germán Martínez Cázares. Claro, como presidente del partido tiene derecho de designar coordinadores en senado y diputados.
Aguilar Coronado se dirigía del restaurante El Cardenal de la Alameda a una reunión cupular de senadores panistas en la torre del Caballito. El clima presagiaba tormenta de enfrentamientos por la elección interna.
¿Cómo no ver la mano del presidente Felipe Calderón si Germán renunció un día después de la elección, posterior a una reunión en Los Pinos? en esta ruta, las prisas por dejar el partido desataron sospechas de un madruguete, de agarrar a los inconformes entumidos y sin la posibilidad de acordar conjura alguna.
Esa prisa traía agenda con tiempos cortos, marcados para registrar candidato. Nava fue el primero y hasta la fecha el único a causa del boicot que fijó públicamente el grupo de inconformes encabezado por los senadores Santiago Creel y Humberto Aguilar Coronado, más el ex presidente del partido y actual titular de la Organización Demócrata Cristiana de América, Manuel Espino.
Oficialmente el PAN se dividió en dos facciones: calderonistas e inconformes ó anti imposición. El objetivo principal de los dos grupos no es tanto imponer candidato en la presidencia del partido, sino meterlo a la presidencial del 2012, pasando por la aduana de próximo año en se juegan 10 gubernaturas y siete más en el 2011.
A distancia, Creel Miranda, Aguilar Coronado y Espino Barrientos olieron la obvia maniobra de Felipe Calderón, saben que el primer paso es vital, y si el próximo titular del partido logra revertir la tendencia perdedora en el 2010 todo estará definido, y podrá reelegirse ó imponer a otro calderonista para allanar el camino.
A los inconformes les acomoda montar un juicio sumario de la derrota panista antes de ir a elecciones internas, es la vía que puede generar más inconformidad contra el calderonismo, es la causa de exigir una prorroga que les de tiempo para depurar las condiciones adversas actuales e ir a una elección interna sin tantas desventajas.
Los signos del autoritarismo presidencial son evidentes, Héctor Larios denunció llamadas telefónicas a Consejeros desde Los Pinos para favorecer a un candidato, no fue desmentido, bajo este poder, la maniobra es ventajosa.
Se dice que Manuel Espino recibió este tipo de apoyos de Marta Sahagún y Ramón Muñoz para llegar a la presidencia del partido, sin embargo no fue denunciado en su momento. Esta es una historia repetida, la que habla de presidentes de la república que tratan de imponer intereses en sus partidos, sin embargo, se supone que la bandera que ondeó el PAN para gestar el cambio en el 2000 repudia estos métodos. Pero contra todo indicador, si hay diferencia, las mecánicas internas en el PRI estaban muy lejos de gestar una insurrección como la del lunes en el PAN, fue hasta que no dejaron de ser partido en el gobierno cuando se enfrentaron el TUCOM y Roberto Madrazo. Antes del 2000 era impensable.
Ahora, la naturaleza del PAN empuja al rechazo de una posible imposición. Cesar Nava se dio a la tarea de convencer a inconformes que no es tal. Ayer visitó al ex presidente Vicente Fox en su rancho de San Cristóbal para mostrarle sus cartas. Un día antes, platicó con uno de los inconformes, el senador Humberto Aguilar Coronado y no lo convenció de su autonomía.
Buscar el aval parece imprescindible cuando no hay opositores reales, no los que puedan estar bajo sospecha de ser comparsa, esos que, como me dijo una vez Ricardo Castillo Peralta frente a Manuel Aguilera “Una terna Hugo, es un vivo y dos pendejos”.

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