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sábado, 16 de julio de 2016

Alianza PAN - PRD la gran amenaza para López Obrador y Ochoa Reza

Hugo Páez

La frialdad de los números lo enfrentaron a la realidad. Andrés Manuel López Obrador no fue la sorpresa en Veracruz, como pronosticaron de instinto algunos observadores, no aplastó al PRD en la Asamblea Constituyente de la CDMX y en la mayoría de los estados en juego mostró el flácido músculo de Morena. De ahí la urgencia por atraer al Sol Azteca sin mostrar ansiedad, los de hoy deben ser los momentos de arrepentimiento por llamar corrupta a la curia del partido y calificar de pepele a Miguel Mancera Espinosa.
El jueves dio el primer paso para el borrón y cuenta nueva después del desmantelamiento sistemático, después de desplantar las bases de Morena a partir de los escombros amarillos. Los necesita y no tiene otro camino que dinamitar las alianzas con el PAN que resultaron mejor de lo esperado en Veracruz, Durango y Quintana Roo.
Ya no es la única alternativa al enojo social en tiempos en que los partidos apuran mecanismos de transparencia, rendición de cuentas, y comisiones anticorrupción claras, para dar respuesta a los ciudadanos que cambiaron el rumbo del 2018, el 5 de junio, y que tumbaron los mitos de Manlio Fabio Beltrones y del PRI-gobierno, además de obligar a la imposición de una figura renovada y fresca en Enrique Ochoa Reza, en espera de mejores resultados.
La gran amenaza para López Obrador y Ochoa Reza son las alianzas PAN - PRD.
El líder de Morena desliza la propuesta envenenada en el centro de las definiciones internas, posterior a la salida traumática de Agustín Basave Benítez y los desencuentros entre corrientes que no terminan de comulgar con Alejandra Barrales Magdaleno, Beatriz Mojica Morga o Pablo Gómez (agregado: Barrales fue electa presidenta del PRD la tarde del sábado).
Indudablemente el tres veces candidato presidencial metió ruido al cambio de dirigencia, las tribus se debaten entre aliancistas abiertos y los cerrados al apostolado de izquierda, aún cuando fueron humillados y desairados por el líder que en un mes viajó a Cuba y Estados Unidos, del centroide de los países del Alba al odiado Imperio, dos polos unidos con la bendición pontificia de Francisco.
Ahora envenena de nuevo al PRD e hiperventila a sus militantes opositores a la alianza azul-amarilla, la gran amenaza que podría mandar a López Obrador a la tumba del tercer lugar, de ahí la urgencia por repetir la insidia del 2011 en el Estado de México, sin importarle que represente la victoria del priismo de Enrique Peña Nieto y Eruviel Ávila Villegas, aduana ineludible del gobernador con aspiraciones presidenciales.
De ahí la apuesta por Delfina Gómez, una morenista que no levantará polvo, funcional para quitar obstáculos del 2018. 
Se trata de la madre de todas las elecciones del 2017, del ensayo de guerra, de la primera gran prueba que no puede perder Enrique Ochoa Reza y para lo cual concentra todo el arsenal del Estado que le es permitido. 
En esto no hay segundas oportunidades.
   
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