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jueves, 9 de octubre de 2014

Crimen Organizado, la coartada de los gobernadores

Crimen Organizado, la coartada de los gobernadores

Hugo Páez

Nada mejor para un proyecto electoral que un adversario debilitado, en caída libre, capaz de contaminar al candidato más acreditado de su partido.
Así se ve Ángel Heladio Aguirre Rivero en Guerrero. Un gobernador sin músculo es un estorbo, para su partido el PRD, y para Armando Ríos Piter, que había ganado la empatía de Los Pinos. Una hazaña que podría bajar la guerra sucia en su contra a la hora de la verdad. El espaldarazo fue sellado en su intervención en el Plan Nuevo Guerrero, junto a Enrique Peña Nieto el 7 de noviembre del 2013, a dos meses de la devastación del huracán Manuel. Eso le ganó el mote de “Achichincle de Peña” de Andrés Manuel López Obrador.
Pero las condiciones cambian, y de nuevo aparece el crimen organizado como la coartada favorita de los gobernadores. Y ahora, todo lo que huela a la tribu perredista “Los Chuchos”, será asociado a la masacre de estudiantes de Ayotzinapa en Guerrero, escándalo que alcanzó alturas internacionales ayer con el plantón permanente de normalistas y el magisterio estatal en Chilpancingo, la Pista del Sol, ciudades de otros estados y otros países.
A unas horas del banderazo de la temporada electoral, la izquierda tendrá que replantear su estrategia en su segundo bastión, y con ello el adiós a una parte importante del financiamiento que alcanzaba a llegaba a otras latitudes.
Por eso el perdón de Carlos Navarrete en Iguala. De ese tamaño es la emergencia que quedó medida en la sorpresiva reacción de manifestantes del Zócalo del DF contra Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que no importó a la muchedumbre que hubiera jugado las contras a Los Chuchos en la contienda interna. Es una muestra de que la furia no distingue matices y empieza a meter a toda la izquierda en el mismo crisol.
Todo es política. La impensable barbarie en Iguala destapó una cadena de complicidades que vivió el martes el clímax del espectáculo en el mea culpa de Carlos Navarrete, en el lugar de la tragedia: pidió perdón por equivocarse con el candidato José Luis Abarca Velázquez, prófugo y ahora investigado por la PGR como una de las cabezas del grupo criminal Guerreros Unidos y las líneas con el cártel de los Beltrán Leyva que pueden tocar el más alto nivel en el estado.
El gobierno federal estudia la posibilidad de un Comisionado Federal, pero compartiría responsabilidades, que no es lo mismo que la intervención federal como lo hace la PGR y las fuerzas federales en Guerrero. Caso contrario al de Michoacán, donde el gobernador priista arriesgaba al partido.
En estos momentos sería incomprensible el voto ciudadano a la izquierda, fueron los que insacularon al alcalde y a funcionarios ligados al crimen organizado, pero si la crisis aumenta, y el Congreso del Estado y el gobierno federal permiten la permanencia de Ángel Aguirre, sin al menos un proconsul, se verá como una perversión con fines electorales.
La sociedad criminal del alcalde impuesto por Los Chuchos era tan evidente, que a 48 horas de los hechos, desde el 29 de septiembre (http://goo.gl/XZ9HJE), en esta editorial escribí sobre la participación de los hermanos de María de los Ángeles Pineda en la matanza y la simulación de una acción criminal, ajena a los policías municipales de su esposo José Luis Abarca. Era vox populi en Iguala, Chilpancingo y Acapulco.
El proyecto electoral de José Luis Abarca y su esposa, captado en eventos con Armando Ríos Piter y Lázaro Monzón, es la delicia de todo opositor electoral.
Es un hecho que los cárteles y organizaciones criminales diversificadas, como entes abstractos, no existen sin la tolerancia de los gobiernos estatales y municipales, y en este orden jerárquico, la mayor responsabilidad se carga al gobierno del estado. Es una realidad que laceró a Felipe Calderón Hinojosa, y que tardó un año y medio en reconocer el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Miguel Ángel Osorio Chong, desde la titularidad de la Secretaría de Gobernación, reforzada con la ex Secretaría de Seguridad Pública, se quejó amargamente de la falta de compromisos de los gobernadores, en el combate al crimen organizado.
Nada nuevo, ya lo comentamos aquí hace más de un año, el 25 de junio del 2013, en una columna titulada “Gobernadores en su Paraiso” (http://goo.gl/kF7kqa). Algo tendrá que hacer el Estado Mexicano contra ese cáncer, que por más peligroso, no deja de ser un negocio tan redituable, que sobran los tiradores a las gubernaturas, de cualquier estado.


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