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martes, 28 de mayo de 2013

La sombra de Salinas en el desafío de Ernesto Cordero

Hugo Páez

         Dos pésimos movimientos mantienen en jaque a Gustavo Madero: la remoción intempestiva de Ernesto Cordero de la coordinación parlamentaria del Senado y la designación de Jorge Luis Preciado.
         La torpeza del líder del PAN alentó al grupo de Cordero para desafiar públicamente el proyecto de iniciativa de Reforma Política propuesta por el Pacto por México, no solo eso, así vendrá la Energética con ese potencial para demostrar que existe un fuerte grupo en el Congreso que no está dispuesto a someterse a la burocracia de los partidos, y a los deseos del Presidente de la República.
         Es claro que las Reformas confeccionadas en el Pacto, con paso forzoso por la aduana del Congreso, son la arena política de las disputas internas del PAN y el PRD, por eso no se entiende el trote a todo galope de Madero en ese campo minado.  
         Después de la reacción instintiva contra Cordero, Madero rehusó jugar a la segura con Héctor Larios y optó por un incondicional con empuje y ganas, pero sin en respeto y reconocimiento de los opositores calderonistas.
         Nadie puede negarle a Ernesto Cordero, Roberto Gil Zuarth, Miguel Barbosa y Manuel Camacho su atribución natural como legisladores al presentar una iniciativa de Reforma Política mucho mas agresiva que la “cómoda” propuesta del Pacto, aun cuando los lideres de los partidos la expliquen como producto de una negociación que garantiza el aval en las dos Cámaras, y no una posición radical que usualmente termina por anularse en el debate.
         La sorpresiva decisión de Madero con Jorge Luis Preciado permite a Cordero apoderarse de la agenda democratizadora en el Congreso y enlutarse como oposición auténtica, esa que perdió la presidencia y se encuentra en penitencia reflexiva para renacer contra su enemigo histórico.
Cordero va por la presidencia del PAN contra dos elementos muy claros: el líder del partido derrotado, y la ex candidata también derrotada, aun cuando la justificación incluya la infamia de los calderonistas en la campaña presidencial, con la caradura de pretender mantener el control.
         Josefina Vázquez Mota apareció el domingo en campaña en Matamoros, recorrerá con los candidatos Puebla y Veracruz. Es la reaparición forzada por la crisis de su partido. En el futuro mediato forman una triada en conflicto. Cuando hay tres, dos se pueden unir, los momios apuestan al debilitamiento de Madero y el resurgimiento de Josefina. Este escenario reeditaría la pugna de la campaña presidencial: calderonistas contra josefinistas, con algunas variantes, Roberto Gil Zuarth tomo distancia de su candidata y ahora gravita alrededor de Cordero y de Manuel Camacho Solís.
         Roberto apareció entusiasta en las fotos de la boda de Emiliano Salinas y Ludwika Paleta, hijo del ex presidente Carlos Salinas de Gortari; Manuel -dicen los enterados de sus movimientos- limó sigilosamente viejos rencores con su viejo amigo que prefirió a Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial.
Es la naturaleza política cuando de intereses se trata, sobre todo si el ex presidente se sintió desairado por la inasistencia de Enrique Peña Nieto en las dos bodas de sus hijos.

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