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martes, 1 de septiembre de 2009

¿Toma de tribuna en informe de Palacio Nacional?

Hugo Páez

De tomarle la palabra y asistir al informe de Felipe Calderón en Palacio Nacional ¿qué podría evitar que el ala radical del PRD, PT y Convergencia tomaran la tribuna en protesta, como lo hacían en el Palacio Legislativo?
El foco de conflicto en la toma de posesión de Felipe Calderón fue precisamente la amenaza de no dejarlo protestar en la Cámara de Diputados. El PRI jugó un papel importante, el presidente le debe a Manlio Fabio Beltrones parte de la operación para despejar la ruta de acceso y llegar al frente del recinto legislativo junto a un rejego Vicente Fox, que momentos antes todavía regateaba su presencia.
Reformas de ley en la 60 legislatura permitieron a los presidentes enviar el informe por escrito para cumplir el trámite protocolario. Fue un alivio que animó al gobierno federal a realizar un evento alternativo, ya sin la amenaza del escándalo en un escenario del ejecutivo: Palacio Nacional.
A pesar de que la reforma es atribución del poder legislativo, el cabildeo para eludir la presencia física del presidente de la república en el informe anual se originó en Los Pinos. En el 2007 seguía fresca la amenaza de los entretelones que pasó el presidente electo para llegar a la tribuna a rendir ante el pueblo de México.
En la jura de San Lázaro la batalla campal era inminente, y a diferencia de Palacio Nacional donde será el informe mañana, existen divisiones físicas y niveles estructurales que separan a legisladores de los invitados, de los miembros del gabinete, de los representantes de las fuerzas armadas y los medios de comunicación.
Todo el movimiento legal para reducir el acto republicano a una simple entrega de documentos pareciera antagónico a la decisión de recrear un acto alternativo al que se invita a todo el Congreso, ese del que se está huyendo.
¿Es un contrasentido ó el rediseño de un esquema en un ambiente controlado?
Desde un principio, el PRI parlamentario de Beltrones y Emilio Gamboa sabía la ruta que debía tomar su partido, el escándalo no es su materia, la tradición institucional del tricolor -reconocida en un gran sector de la población como un valor, incluyendo al PAN- se lo impedía, además de que podría ser una preocupación menos en un posible regreso a Los Pinos.
Aún en un ambiente controlado, la tentación está en bandeja de plata para editar de nuevo el escándalo lastimoso.