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lunes, 28 de septiembre de 2009

LA JEFA – Patricia Flores Elizondo

Hugo Páez

Como a Beatriz Paredes los priístas le llaman ‘Mami’, por el poder que tiene sobre ellos, a Patricia Flores Elizondo los miembros del gabinete del Presidente Felipe Calderón la conocen como ‘La Jefa’, por el gran poder que ejerce sobre todas las áreas del gobierno federal.
Pero el uso del picaporte y del “presidentazo” a la primera provocación, así como el abuso que de su nombre hacen sus protegidos, empieza a dañar a la jefa de la Oficina de la Presidencia, último miembro del equipo compacto que el 1 de diciembre de 2006 llegó a Los Pinos y sobre quien el Presidente Calderón recarga la mayoría de responsabilidades.
En las últimas semanas se han registrado sendos escándalos en la Secretaría de Salud imputables a sus protegidos. Hay problemas en adquisición de ventiladores necesarios en el combate al virus H1V1 y hasta exigencias de espiar servidores de cómputo usando al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y a empresas privadas especializadas.
Éstos y muchos asuntos pueden minar el poder de Flores Elizondo, que puede ser candidata presidencial o influir para incluir a sus prospectos (su favorito, Gerardo Ruiz Mateos, simplemente no crece). Lo grave es que empieza a quedarse sola y a perder utilidad para Calderón, cuando debería ser el más valioso de sus activos.
El poder de la Oficina de la Presidencia de la República es irresistible, pero peligroso. Todo depende de cómo se ejerza. La fuerza de Flores Elizondo es tal que es capaz de imponer a oficiales mayores en las Secretarías.
Su estilo ha provocado conflictos en el gobierno federal, como es el caso de la Secretaría de Salud (Ssa), donde los enfrentamientos entre la subsecretaria de Administración y Finanzas, ex colaboradora de Flores Elizondo en Los Pinos, Laura Martínez Ampudia, y la subsecretaria de Innovación y Calidad, Maki Esther Ortiz Domínguez, detuvieron la adquisición de 700 ventiladores
médicos de primerísimo importancia para enfrentar la contingencia sanitaria provocada por la epidemia de infl uenza AH1N1.
Desde mayo pasado se autorizó la compra para abastecer a las 32 entidades de la República Mexicana, sin embargo, la preferencia de un proveedor recomendado por Patricia provocó conflicto
de decisiones en la Secretaría de José Ángel Córdova Villalobos, ya que la encargada de dar las especificaciones técnicas recae en la subsecretaria Maki Ortiz.
La lucha de poderes inició desde mayo y más de cuatro meses después, el Comité Técnico, presionado por los dos flancos, Los Pinos y la Secretaría de Salud, decidió salomónicamente
dar mitad y mitad, 350 ventiladores Vyasys a General Electric y otros tantos al grupo SIIM. Laura Martínez logró que el proveedor recomendado por Patricia Flores se llevara la mitad del contrato,
equivalente a 170 millones de pesos. El precio de los ventiladores fluctúa en los 500 mil pesos cada uno.
El decreto de emergencia que firmó el Presidente autoriza al secretario de Salud a realizar adquisiciones directas de equipo, medicamentos y periféricos relacionados con la influenza. Nada tenía que ver ahí Flores Elizondo.
A pesar de que el Presidente pidió que se aprobara el paquete económico para comprar estos ventiladores, el dinero ya estaba disponible para la compra en el fondo del Seguro Popular.
Pero su Oficina enfrenta problemas mayores: el 10 de septiembre llegó un correo electrónico a la ofi cial mayor de la Secretaría de Salud, Laura Martínez Ampudia, en donde se le acusa de tráfico de infl uencias y corrupción.
Ese día había junta de Consejo en la Ssa y Laura pidió que se abrieran los servidores para investigar a todas las cuentas de correos de los empleados. La responsable de autorizar este tipo de acciones es la subsecretaria de Innovación y Calidad, Maki Esther Ortiz Domínguez, quien se negó a hacerlo argumentando que llegaban cientos de correos anónimos, por lo cual no se requería una investigación de esa envergadura.
Laura se comunicó a Los Pinos y Patricia Flores dio la orden de abrir los servidores subcontratados en una empresa privada.
Agentes del Cisen y de la Policía Federal intentaron intervenirlo, pero la empresa requirió la orden de Maki, ya que los agentes no traían orden judicial. Flores Elizondo habló a la Secretaría de Salud para decir que por órdenes del Presidente Calderón se realizara la investigación.
El director jurídico de la Ssa aseguró que no se violaba alguna norma, ya que las cuentas de servidores públicos son propiedad del gobierno federal. Maki dio la autorización y ya se realiza la investigación en estos momentos.
Parece ocioso mover al Cisen y a la Policía Federal para este tipo de trabajos que reflejan el enfrentamiento y autoritarismo de Patricia Flores con las Secretarías.

UN BÚNKER DESDE LOS TIEMPOS PRIÍSTAS

Carlos Salinas de Gortari reveló en su primer libro que la intervención de José Córdoba Montoya fue decisiva para postular a Ernesto Zedillo Ponce de León como candidato a la Presidencia.
Emilio Gamboa fue defi nitivo en la candidatura de Carlos Salinas, y Liébano Sáenz coordinó la estrategia operada por José Antonio González para postular a Francisco Labastida. ¿Qué tienen en común Córdoba, Gamboa Sáenz con Patricia Flores Elizondo? La Oficina de la Presidencia de la República, con Córdoba Montoya y Flores Elizondo, o la Secretaría Particular del Presidente con Gamboa y Sáenz (que en tiempos de De la Madrid y Zedillo fue una especie de jefatura de gabinete) es la oficina más poderosa del país; quizá sólo por abajo de la del Mandatario, incluida la Secretaría de Gobernación.
Su momento culminante se presenta cuando influye o se abstiene en la designación del candidato presidencial. La abstinencia nunca seda. El de Flores Elizondo será la proclamación del candidato presidencial del PAN, a condición de que logre mantenerse en la jefatura de la Oficina de Felipe Calderón en su condición de poder tras el trono.
Los panistas no han sido muy duchos en el uso de este enclave de poder. A pesar de su alianza con Marta Sahagún, Ramón Muñoz fracasó en la fabricación de la candidatura de Santiago Creel; Juan Camilo Mouriño se apresuró a abandonar la oficina y se marchó a Gobernación a construir sus propias posibilidades; Gerardo Ruiz Mateos fue desplazado a Economía por incapaz, y Flores Elizondo está enfrascada en el proyecto ‘B’, el secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, pero también tiene Plan “C”, Alonso Lujambio, que despacha en Educación. Ambos, hay que decirlo, son planes del Presidente y ella los ha hecho suyos.
La historia de los últimos sexenios de la ofi cina que ocupa Flores Elizondo es la del poder delegado o hurtado al Presidente de la República. Casi de la nada, Gamboa se convirtió en figura indispensable de Miguel de la Madrid y en esa condición pudo ayudar a Carlos Salinas. Aspirantes de entonces, como Manuel Bartlett, siguen sin perdonarlo. Gamboa es un fabricante natural de candidaturas presidenciales. En la sucesión de Zedillo, Bartlett se congratulaba porque Emilio, en su condición de subsecretario de Gobernación, no estaba a dos metros de la oficina del Presidente como cuando pudo empujar a Salinas con De la Madrid, pero Gamboa le demostró que no necesitaba estar tan cerca. Labastida fue el candidato.
El talento de Córdoba es insuperable. Muy iniciado el sexenio robó la señal a Salinas y más que apoyar la candidatura de Luis Donaldo Colosio combatió la de Manuel Camacho, pero cuando Mario Aburto cambió la historia del país en Lomas Taurinas supo manipular las tribulaciones del Presidente para sugerir-imponer a Zedillo. Ni siquiera Manlio Fabio Beltrones puso objeción y se prestó para el videodestape del candidato. En ese momento parecía la mejor opción. Luego, Córdoba abandonó el país “para no ser un obstáculo para Ernesto”.
Liébano hizo varios ensayos. No tendió la cama en que cayó Esteban Moctezuma, pero lo ayudó a salir de Gobernación; también organizó en Palacio Nacional el recibimiento faraónico que perdió a Emilio Chuayffet. Sacó a Labastida de Capufe, en donde lo había arrinconado Moctezuma, lo llevó a Agricultura para luego moverlo a Gobernación. Ya allí maniobró lo suficiente para que el arbitraje de don Fernando Gutiérrez Barrios legalizara la imposición de Labastida sobre Roberto Madrazo.
¿Qué tienen en común lo que hicieron Gamboa, Córdoba y Sáenz? Dijeron actuar a nombre del Presidente. Igual que a la primera provocación, cuando algún funcionario tiene la temeridad de preguntar u oponerse, lo hace Patricia Flores Elizondo.
¿Qué los hace diferente? Gamboa no pudo ser candidato presidencial. Parecía que la oportunidad se le presentaba cuando estando la candidatura vacante por la muerte de Luis Donaldo, su oficina en la Secretaría de Comunicaciones fue tomada por gobernadores, ex presidentes del PRI y Luis Echeverría y Miguel de la Madrid se presentaron en Los Pinos a proponer su candidatura. Esfumadas sus posibilidades ha aceptado casi con resignación el rol de constructor de candidatos. Hoy mismo está ocupado en ello.
A Pepe Córdoba se le atravesó la Constitución por su calidad de hijo de extranjeros y nacido en España; Salinas aún no reformaba la ley que benefició a Vicente Fox y Juan Camilo no pudo utilizar. A sabiendas que de la Secretaría Particular no podía emerger como candidato, nunca pudo convencer a Zedillo de la conveniencia de enviarlo a Gobernación y de la Secretaría Particular.

FLORES ELIZONDO, EL PLAN ‘A’

Los tres se conformaron con ser vicepresidentes, pero Patricia Flores Elizondo tiene la oportunidad. Ella es su propio Plan ‘A’. El ‘B’ y el ‘C’ son del Presidente. Podía haber un Plan ‘D’, pero a Gerardo Ruiz Mateos, el favorito de la Jefa de la Oficina de la Presidencia, los empresarios no le confiarían la gerencia de un supermercado, conforme a versión de Beltrones.
El problema es que ni la sociedad ni el panismo le permitirían a Calderón seguir utilizando sólo a los inquilinos de Los Pinos o a los que convivieron con él en la Cámara de Diputados cuando era coordinador de los legisladores azules.
Juan Camilo salió de la oficina de Patricia para ser secretario de Gobernación; César Nava aspiró a ocuparla, pero el Presidente prefirió mantenerlo en la Particular. Ahora, gracias a la derrota de Germán Martínez, es diputado y líder nacional del panismo. ¿Se atrevería Calderón a proponer la candidatura de Flores Elizondo sin antes enviarla a otra dependencia? Difícilmente; si fuera por cuestión de género, el Presidente tiene un activo político de mayor valía que la jefa de la Oficina de la Presidencia. Doña Margarita Zavala tiene militancia, experiencia, talento, vocación y una imagen impecable. El currículum lo ha esculpido ella misma; para crecer no ha requerido el auxilio de su esposo. Además, día tras día crece en las encuestas.
El problema para doña Margarita es la tremenda experiencia que vivieron el país y el PAN con Marta Sahagún. Sin mayor carrera que una candidatura frustrada a presidenta municipal de Celaya y jefa de prensa del gobernador de Guanajuato, Marta creyó ser reencarnación de Eva Perón hasta que Alfonso Durazo la despertó. Pero su aventura cerró el paso a la esposa del Presidente Calderón.
La cuestión es que en el gobierno federal ya se extendió la versión de que la señora Flores Elizondo es la versión femenina de Mouriño y ella se encarga de alimentar esta hipotética situación. Se sabe poderosa y ejerce el poder que le da el organigrama y la imposibilidad de la mayoría de los funcionarios, incluidos los de primer nivel, de cotejar si las instrucciones que les dan provienen del Presidente o sólo se le ocurrieron a la Jefa de la Oficina de la Presidencia.
Hablar a nombre del Presidente sin consultarlo no es invención de doña Patricia; es práctica común en los primeros círculos, en especial de los jefes del gabinete. Lo hicieron Gamboa, Córdoba y Sáenz, pero a diferencia del actual equipo presidencial, algunos de los colaboradores de De la Madrid, Salinas y Zedillo podían cruzar la información con sus jefes porque eran sus amigos personales, como Ramón Aguirre, Manuel Bartlett, Pedro Aspe, Manuel Camacho, Guillermo Ortiz o Carlos Ruiz Sacristán, por ejemplo, y no estaban tan aislados como los calderonistas que todo lo hacen llegar o lo reciben a través de ‘La Jefa’, como suelen llamar a Flores Elizondo.
Por eso el malestar contra la jefa de la Oficina de la Presidencia crece peligrosamente entre sus subordinados; sin embargo, se le sabe muy cerca de Calderón, muy capaz y confiada en que podría ser el Plan ‘A’ para 2012, o influir como lo hicieron sus antecesores priístas y como fracasó Muñoz.
No existe un club ni nada que se le parezca de jefes de la Oficina de la Presidencia o secretarios particulares con iguales atribuciones a los que Flores Elizondo pueda consultar, pero si pudiese hablar con Gamboa, Córdoba y Sáenz, le aconsejarían sin duda dosificar el uso del “presidentazo” y suavizar el trato con los miembros del gabinete y dejar de regañarlos a menos que el Presidente le ordene lo contrario, y vigilar a quienes usan su nombre y se escudan en ella para resolver sus problemas en las posiciones claves en donde los ha colocado.