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viernes, 27 de julio de 2018

    
Por qué nadie puede ganar más que López Obrador..?
    
Hugo Páez
 
¿Por qué nadie puede ganar más que López Obrador en el gobierno federal..?
Hasta el momento no existe un razonamiento concluyente para tasar su salario en 108 mil pesos mensuales como próximo presidente, y privar a la federación de especialistas competentes cuyos sueldos los dicta el mercado laboral.
En la actualidad, más de 22 mil 500 servidores de la administración pública federal perciben salarios superiores a los 108 mil pesos mensuales, con prestaciones incluidas, o al millón 296 mil pesos anuales que cobrará Andrés Manuel.
Indudablemente pueden existir abusos o sobre sueldos que deben revisarse y evaluarse constantemente, como una sana metodología para optimizar recursos, pero, el hecho de ser electo por más votos que cualquiera de sus contrincantes, nada tiene que ver con un parámetro salarial.
La reducción salarial del presidente de la República es una de sus promesas de campaña, con la virtud adicional del sacrificio y compromiso de una vida austera, que, junto con la renuncia a la pensión vitalicia, lo cubre de autoridad moral para decretar esas modificaciones con los expresidentes.
No obstante, más allá de estas medidas ejemplares de impacto popular, está la enorme maquinaria federal ávida de especialistas en un sinnúmero de disciplinas que simplemente NO se van a contratar por menos de 108 mil pesos, y tal vez estos tabuladores rebasen varias veces la cantidad en niveles de conocimientos y experiencia superiores, requeridos para procesos productivos infinitamente más redituables que esos costos.
Lo siento pero aquí NO se trata del ‘amor a la patria’, sea lo que eso signifique en términos etnocentristas del obradorismo.
Según un artículo de Rodrigo Riquelme en El Economista (14 de junio 2017), la OCDE reportó que el salario promedio de un trabajador en México es de 160 mil 936 pesos al año, en jornadas de 40 horas semanales y 48 semanas al año, y el de un ejecutivo de compañía promedio es de 1 millón 416,000 pesos al año, casi nueve veces el salario promedio de un trabajador,  sin contar los bonos y demás prestaciones económicas y financieras que puede recibir el director ejecutivo de una compañía en México, según la Encuesta de Salarios Ejecutivos 2016 de PwC México.
A diferencia de México, nuestro socio comercial en el TLCAN, Estados Unidos, con el que competimos también en ciertos mercados laboral especializado como el científico, tecnológico de información y petrolero, por ejemplo, más de 500 altos ejecutivos ganan arriba de 5 millones de dólares al año. Más de 10 mil funcionarios empresariales perciben salarios anuales superiores al millón de dólares, y no hablo de Wall Street.
Un ejemplo más: para mantener la competitividad adecuada, PEMEX utiliza personal especializado subcontratado a los que se les paga más de 200 mil pesos en promedio mensuales, y otros en compañías alternas que simular ser externos.
En Estados Unidos la brecha entre el salario de los ejecutivos y los trabajadores es brutal. En el 2014, 500 altos ejecutivos de las empresas estadounidenses que recibían el pago más alto obtuvieron cerca de mil veces más dinero que el trabajador americano promedio, de acuerdo con un artículo de Steven Clifford para The Atlantic (El Economista).
Según un estudio de Clifford, en los años 70´s la proporción entre el salario de los directores ejecutivos en Estados Unidos era de 20 a 1 y de 30 a 1, ya que la mayoría de las compañías tenían una política de equidad interna, con la que se comparaba la remuneración que debía recibir un ejecutivo con la de los demás empleados de la empresa. Pero simplemente no funcionó en la competencia real entre empresas de Estados Unidos y mucho menos a nivel global, donde el mercado laboral en ciertos estratos se mueve con dinamismo.
De hecho la ministro en retiro Olga Sánchez Cordero, futura Secretaria de Gobernación, defiende el tabulador salarial del Poder Judicial de la Federación, uno de los más altos del país, precisamente porque su especialidad es compleja, de grandes riesgo en innumerables zonas del país para jueces y magistrados, y susceptible a corrupción, como todo.
Pero en esta desigualdad salarial persiste un debate sin aparente solución: ¿deben cambiar estas prácticas de grandes brechas salariales dentro de las empresas? ¿Qué consecuencias tiene que un directivo gane 10, 30, 40 o 1,000 veces más que un trabajador promedio?
Para Clifford es preciso que las empresas cambien estas prácticas, sin embargo, ni la indignación pública, ni las audiencias sobre este tema en el Congreso estadounidense han logrado mucho al respecto.
En el Mundial de Futbol Rusia 2018 se reveló el salario de 32 entrenadores. JoachimLöw de la selección alemana encabeza la tabla con 4.4 millones de dólares anuales, mientras que Allou Cissé de Senegal es el último con 234 mil dólares. El español Julen Lopetegui que ahora tomará las riendas del Real Madrid, se encuentra en el cuarto puesto con 3.5 millones de dólares anuales, la décima parte que el jugador Cristiano Ronaldo con 35 millones de dólares anuales.
En una extrapolación pícara, es como si López Obrador contratara a uno que otro ‘crack’ político y/o técnico para su gabinete con sueldo de 1 millón 80 mil pesos mensuales ¿por qué no, si lo amerita, y retribuye mucho más al proyecto de nación..?
Pero en México el virtual presidente electo mantiene el proyecto de acortar drásticamente esta brecha salarial por decreto, sin los complejos estudios de impacto y los riesgos para la calidad implicados en la medida, como respuesta, el mercado laboral depositará a los peores en el gobierno federal. Por otro lado, la futura Secretaria del Trabajo María Luisa Alcalde habla de medidas para aumentar el salario mínimo, nada más.
Dichas medidas parecen corresponder a la esperada revancha social de la base electoral que lo llevó a Palacio Nacional, aunque, después de anunciada, decenas de miles de esos que van a ser recortados o despedidos, votaron por él, y ahora se sienten mal correspondidos y derrotados.
¿Nos seguimos moviendo en el histórico complejo de inferioridad..?  porque la propagada frase: “el que no quiera que se largue”, muestra un profundo resentimiento que nos puede llevar a una gran división social.
¿Por qué nadie puede ganar más que López Obrador..?
Nadie ha expuesto una línea de razonamiento convincente, basada en un estudio profesional. Los daños pueden ser incalculables.

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