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lunes, 16 de julio de 2018

    
No hay fórmulas mágicas, AMLO y Sheinbaum deben enfrentar la brutal inseguridad
    
Hugo Páez
 
Todo parece confuso en el futuro de la seguridad pública en los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum.
Para colmo, el rechazo del Papa Francisco a participar en los Foros de Paz, porque no hubo invitación formal y el Pontífice no le entra directamente a estos temas, eleva la percepción de un equipo totalmente improvisado, dando tumbos en el periodo de transición pero con decisiones que pueden impactar desde el inicio del gobierno.
El problema de seguridad pública es es brutal, la compresión dista mucho de ser lineal, es compleja y no hay soluciones tersas. El equipo de Alfonso Durazo debe asumir la realidad y no estar temerosos de efectos colaterales duros, de otra forma están totalmente equivocados.
Les dejaron un país violento, deben asumir los hechos, más allá de la visión académica que moldea la realidad para ajustarla a sus tesis, y dar soluciones de escritorio.
En política criminal la disección NO es opcional, es imprescindible para el análisis. Los objetivos deben ser diversas en tiempo y forma. A corto plazo hay que dar soluciones inmediatas para asegurar la vida cotidiana de los ciudadanos y de los procesos productivos.
A mediano plazo los proyectos son más profundos y los resultados poco perceptibles, de igual forma las metas a largo plazo, con planteamientos generalizados para bajar la delincuencia a niveles aceptables, donde la propia base social construya elementos de autodefensa para evitar la penetración del crimen organizado, tal como lo sufren en estos momentos comunidades enteras.
Si Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel NO aceptan esta realidad, vamos a repetir la historia de Miguel Osorio Chong que arriesgo la seguridad del país para evitar dañar la imagen del aspirante presidencial.
Al recibir la estafeta de Miguel Mancera Espinosa, el Jefe de Gobierno José Ramón Amieva, con la experiencia de cinco años de administración de la CDMX, va por lograr resultados a corto plazo con la propuesta de Raymundo Collins en la Secretaría de Seguridad Pública de la CDMX. Aunque hablamos de cinco meses, un plazo corto, es necesario cimentar las bases de la transición del nuevo gobierno de Sheinbaum, atacando el principal problema: la inseguridad.
A nivel federal, con un problema mayor que el capitalino Andrés Manuel y Durazo deben pensar en una estrategia a corto plazo que oxigene la confianza ciudadana con resultados tangibles.
En el 2012, una vez concluido el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa y la derrota del PAN, Enrique Peña Nieto puso en marcha un programa de gobierno que trataba por todos los medios de minimizar los hechos y datos del crimen organizado, con el propósito de levantar la percepción ciudadana.
La negación del problema NO es opción, el optimismo NO es estrategia ni solución.
No hubo forma, pero sí pérdida de tiempo, avanzó sin control el problema hasta batir récords de récords de muertes dolosas, de índices delictivos de todo tipo, y el aumento de adicciones en el 2017.
Insisto, no hay cura contra el cáncer de la violencia sin efectos secundarios de la ‘quimio’. Alfonso Durazo, Andrés Manuel y Sheinbaum deben estar concientes de eso, sin embargo, el premio de la tranquilidad es invaluable.
La historia puede repetirse por cuarto sexenio consecutivo. López Obrador la vivió en la Jefatura de Gobierno al lado de Vicente Fox en la presidencia, con secuestros imparables que provocaron la protesta civil más grande de la historia moderna de México.
Felipe Calderón pagó la novatada y desató la guerra sin control, pero al final del sexenio sentó las bases de profesionalización de policías, de metodologías más adaptadas, pero fueron desechadas por Peña Nieto y Osorio Chong, temerosos de los efectos colaterales nada tersos. Ahora el problema es mucho mayor.
No hablo de mano de hierro, de violaciones a los derechos humanos, ni nada que transgreda a las libertades y derechos individuales, pero sí de evitar la ingenuidad que trata de solucionarlo todo en el pizarrón, con buenos deseos y sin efectos colaterales.
Hay ingenuidades que dan miedo, espero que López Obrador y Sheinbaum las eviten y enfrenten la realidad.
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