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martes, 27 de junio de 2017

El Frente Amplio debe renunciar a imposibles, para no malograr los posibles

Hugo Páez
   
PAN y PRD deciden enfrentar la realidad: como fuerzas divididas NO tienen futuro en el 2018.
Nada fácil será llegar a acuerdos, la primera barrera es la multiplicación de egos, sin embargo, la voluntad mostrada de los dos partidos promotores, para armar el Frente Amplio Opositor o Democrático, es el primer paso para un gran consenso, y posteriormente buscar al ungido.
Habrán de superar la mezcla de intereses de las tribus perredistas dispuestas, y desechar a las intolerantes. Los flemáticos grupos del PAN tendrán que converger, igual que los agregados de otros partidos, de la sociedad civil, y los aspirantes independientes.
En estos temas, la ideología puede ser un obstáculo que impide ver la realidad para concretar alianzas. Defender posiciones es una noble idea, sólo que muchas veces la mejor defensa propia, es la defensa común.
Los primeros pasos de Ricardo Anaya Cortés y Alejandra Barrales Magdaleno, el sábado y domingo en su respectivo CEN, posicionaron al PRI de Enrique Ochoa Reza y al el gobierno federal de Enrique peña Nieto como el gran enemigo, pero también en una condición de probabilidad ganadora.
Y a pesar de la insistencia de Alejandra Barrales para atraer a Andrés Manuel López Obrador, el gesto recibió el pagó de nuevo un golpe de desprecio. Así que, ese formalismo para incluir a todas las fuerzas opositoras, tiene un límite, o implica un gran riesgo.
Si el PAN y el PRD NO tienen claro que van como un núcleo líder, y buscan un proyecto de alcances imposibles, están perdidos. Se trata de acordar reglas básicas.
El movimiento NO necesita de un espectacular demagogo que abandere la causa, sino un proyecto sólido, de atractivo social, encaminado primeramente a erradicar con firmeza la corrupción, y, a partir de ese principio, resolver los grandes problemas y construir el proyecto de nación.
El PRI hará lo imposible por evitar la alianza y por reventar el Frente Amplio. Para eso hay una fortuna en arca abierta, y una espléndida gama de ofertas.
Lo combatirá mediante una combinación de zanahoria y palos.
Andrés Manuel tiene el viejo guión estudiado, con la métrica y el ritmo de siempre, pero ahora con una moral herida por sus colaboradores corruptos. Estos se han encargado de tumbarle el tono dogmático de superioridad, y sus opositores habrán de recordárselo.
No hay fórmulas de éxito, pero el Frente Amplio debe empezar por renunciar a los imposibles, para NO malograr los posibles.
   
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