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martes, 25 de febrero de 2014

En Sinaloa El Día Después de El Chapo

Hugo Páez

Un sistema en permanente anormalidad se convierte una normalidad de facto. En Sinaloa, Michoacán, Ciudad Juárez, Tijuana y Tamaulipas, por citar algunos, el factor de equilibrio son las bandas del crimen organizado cuando existe un cartel dominante.
En Sinaloa la preocupación después de la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera es el rompimiento de ese equilibrio. Los ciudadanos renunciamos a exigir a las autoridades, seguridad pública eficiente, nos conformamos con la relativa calma garantizada por el cártel líder.
En Michoacán se rompió ese equilibrio insidioso, ahora la garantía de seguridad son grupos civiles armados llamados autodefensas que ayer cumplieron un año de formal aparición.
Esa era la garantía del cártel de Sinaloa, una anormalidad asumida como el menos peor de los males, bajo la camplascencia y comodidad de la autoridad municipal, estatal y las delegaciones federales del Ejército, Policía Federal, PGR y la Marina.
La esperanza de un estado como Sinaloa, inmerso en la narcocultura, es que la caída de Joaquín Guzmán Loera se reemplace por segundos mandos, que mantengan el equilibrio para evitar la entrada de grupos más violentos como los Zetas, y los michoacanos, llámense Templarios o Familia, “Los rateros mugrosos”, como presuntamente lo dijo El Chapo en el traslado al penal del Altiplano.
Desde inicios de su administración, Mario López Valdez tuvo altibajos de seguridad, primero tuvo que imponerse a las bandas de robacoches y extorsionadores en el norte, algunas olas de ejecuciones y extorsiones, pero nada parecido, ni de lejos, a la crisis michoacana.
Ahora sabemos de la libertad de movimiento del Chapo en Culiacán, Badiraguato, Mazatlan -y seguramente otras latitudes de las cuales sabremos mas adelante-  del hombre mas buscado por Estados Unidos y México. Y a partir de esa dimensión es obvio pensar que los subalternos de la estructura criminal tienen mayor movilidad.
Un vendedor llamado Agustín “N”, de los alrededores del condominio Miramar ubicado en el malecón de Mazatlán, sitio de captura de Guzmán Loera, dijo a periodistas del Noroeste: "Ese hombre me compraba donas y empanadas de cajeta, hasta me dijo, me tocas, si estoy, te compro”.
El gobernador López Valdez afirma que no lo protege: "Se dice que con esta detención puede haber mucho recrudecimiento en la violencia; otros dicen que esto puede tranquilizarse; y esto dice que la detención de Joaquín Guzmán, va hacer (el) inicio de una serie de declaraciones y de denuncias contra todos aquellos que pudieron haberle estado prestando protección, pues si hay alguien que esté metido en eso, pues que se preocupe".
La anormalidad es evidente, el relativo equilibrio en el estado está soportado por fuerzas alternas, en esta dinámica de lustros asumimos que esa “calma” es normal, y olvidamos exigirle a la autoridad formal orden y garantía de seguridad total. No hay más responsables, que la asuman.

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