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martes, 11 de febrero de 2014

Fricciones de Alfredo Castillo con las fuerzas federales

Hugo Páez

Se alarga la curva de aprendizaje del Comisionado Federal Alfredo Castillo en Michoacán. Compartir culpas de su reunión con “El Abuelo” José Farías Ángeles con elementos del Ejército y la Policía Federal, según sus palabras: “Ahí presentes”, es una novatada que le puede costar el desánimo y enfriamiento en la colaboración de las instituciones del general Salvador Cienfuegos y el doctor Manuel Mondragón y Kalb.
El Comisionado se ve solitario, falto de estructura propia, robusta y capaz de consolidar un trabajo a la altura que le fue designada por el presidente Enrique Peña Nieto, aunque la tenga, de otra forma se tropezará como otros comisionados, que terminan ignorados por las dependencias, o de plano les mandan a los peores elementos, los menos eficientes, los que les sobran, porque nadie va a arriesgar el trabajo propio por el de enfrente. Esa es la historia que puede repetir Alfredo Castillo en Michoacán.
Tampoco se trata de que tenga su propio ejército, pero sí una estructura propia de una gran fiscalía, que al final del día es la figura más adecuada para estos casos.
El riesgo para el gobierno federal es brutal cuando no existen mecanismos o servicios de inteligencia confiables que permitan mantener un control a detalle de los grupos paramilitares. La federación se arriesga a respaldar a quien no conoce a fondo, a grupos dudosos que toman el control de ciudades como Apatzingán, de hecho, José Farías Ángeles formó parte de esas autodefensas, aún cuando fue señalado por la PGR y la Sedena en el 2009 como uno de los lugartenientes de Los Valencia que ejercía el control de tráfico de drogas y armas en cuatro municipios. Fue arraigado por posesión de armas y una bolsa de hachís, y sentenciado a tres años de prisión. Peor aún, el procurador Jesús Murillo Karam no aclaró si Farías tiene asuntos pendientes con la ley, pero con esos antecedentes debería ser suficiente para descalificarlo como parte de los grupos de los grupos paramilitares que colaborarán con el gobierno federal.
De no ser por el trabajo periodístico de Reforma ahí estuviera entre las filas de los libertadores de Apatzingán.
Y es terriblemente contradictorio que una ciudad de Tierra Caliente, identificada como el bastión de los Caballeros Templarios, donde se concentra la Policía Federal y el Ejército, tenga que ceder espacios a las autodefensas y protegerlos, eso si, con todo cuidado de que no aparezcan armados en los medios de comunicación, ¿O se trata de que hagan el trabajo sucio que no puede hacer la autoridad formal? porque de otra forma parece el mundo al revés, donde las fuerzas legalmente establecidas son los paramilitares y las de apoyo, las fuerzas federales.
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