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jueves, 7 de octubre de 2010

Se quitó la banda presidencial y se puso la camiseta del PAN

Hugo Páez

Felipe Calderón le dio cuerda a Andrés Manuel López Obrador. Reconocer en una entrevista para radio que la frase “Es un peligro para México” era verdadera y lo que pensaron en el 2006 15 millones de mexicanos es una veta que aprovechará el Peje como lo sabe hacer, ayer empezó exigiendo que el presidente pida perdón por las cerca de 30 mil muertes en el combate al crimen organizado.
Por supuesto, el objetivo de Calderón es proteger las alianzas PAN - PRD, no el personaje, por eso golpeteó al PRI con la frase, en otra entrevista radiofónica, afirmando que la gente no piensa en un partido, sino en el viejo sistema que pretende regresar.
Decir este tipo de verdades no es frecuente en un presidente, sin embargo Calderón no tiene generales en el gabinete y su partido que provoquen un efecto equivalente, con este tipo de declaraciones, máxime que amenazó a todo aquel secretario que se candidateara para el 2012, entonces ¿por qué tendrían que meterse..?
Y no se diga del presidente del PAN Cesar Nava, debilitado por el escándalo del departamento - ganga de Polanco, que dice compró en la cuarta parte de su valor, según la campaña de Televisa.
La incursión radiofónica del presidente pretende cobijar a sus aliados del Sol Azteca ante la campaña que emprendió López Obrador contra los Chuchos, en el Shangri-La del 2011: el Estado de México; territorio del candidato mejor posicionado a la presidencia de la república, Enrique Peña Nieto, quien además ha insistido que el regreso del PRI no significa retroceso. Pues el martes el presidente le dijo que la gente pensaba lo contrario.
Pienso que a Felipe Calderón nadie le pone los guantes, se los amarra solo. Se autodescribe de mecha corta, corajudo pues; y ante la avalancha formada por la inseguridad, derrotas electorales y ausencia de precandidatos fuertes, el encabronamiento llega.
Pero bueno, el presidente se puso los guantes y el que se sube al ring seguramente se lleva uno o muchos golpes. Una actitud totalmente opuesta al espíritu con el que convocó a los diálogos por la seguridad y la legalidad en el campo militar Marte, con todos los sectores de la sociedad y los poderes del estado.
El presidente se quitó la banda y se puso la camiseta del PAN, con el riesgo de perder el punto de equilibrio necesario en un jefe de estado. No podrá exigir unidad contra el crimen organizado a esos sectores que ataca, PRI y al mas radical y demandante de la izquierda. La semana pasada le puso nombre a uno de los gobernadores que toman la actitud criminal de no cooperar contra la delincuencia organizada: Leonel Godoy de Michoacán, seguramente habrá mas, debe haberlos y no proteger identidades que evaden su trabajo.
El ataque frontal a Andrés Manuel López le reconstruye el escenario que mas le gusta: la victimización. Cualquiera aprende de sus errores para evitarlos y ahora tiene un rival de nivel, el presidente, el que “le robó la elección” como se lo echó en cara al PRD en la Universidad Autónoma de Sinaloa el martes.
El presidente de la república puede y debe promover a su partido dentro de los límites legales. El buen gobierno es la mejor formula, aunque la mas difícil. Debe ser el primer militante de su partido, al que le debe el triunfo, sin dejar de ser el jefe de estado, el gran arbitro que necesita un pedestal de neutralidad para fortalecer su calidad moral ante sus gobernados.
Tiene razón al decir que millones de mexicanos pensaron en el 2006 que Andrés Manuel López Obrador era un peligro para México, en esos días escribí una columna a la que titulé “El Loquito”, me gané amenazas y muchas mentadas de madre al reproducir lo que muchísimos mexicanos decían por la mañana “..¿y ahora que ira a hacer el loquito..?”.
Seguramente Felipe Calderón se reserva muchas sinceridades. Hay secretos de estado que una vez revelados constituyen una amenaza para la seguridad nacional, y de ahí para adelante.
Peligroso sería que a Felipe Calderón se le esté acortando aún mas la mecha. Revivir conflictos electorales con propósitos tan obvios lo hace el blanco perfecto, empezando por los que pedirán su renuncia para dar paso a un jefe de estado, no a un jefe de partido.
Esperemos que prevalezca la cordura sobre los nervios y los protagonismos, como el de los Consejeros Electorales Marco Antonio Baños y Francisco Guerrero que regañaron al presidente por sus dichos, excediendo las atribuciones que les da la legislación electoral. Hablaron como consejeros y no como ciudadanos, son los riesgos de llegar con la etiqueta partidista, inevitable en esa mecánica que impuso el Congreso para su designación, que no es mas que un reparto de fuerzas entre partidos, alejados de la autonomía necesaria para servir sin colores a la sociedad.

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