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martes, 17 de abril de 2012

No perdimos 12 años con el PAN, ni el resto del siglo si gana el PRI

Hugo Páez

Enfrascados en la guerra dialéctica, Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto llevan a extremos maniqueístas lo que son y serían los gobiernos de sus partidos.
La pobreza e inseguridad reclamada por el candidato del PRI, tiene bases cimentadas en sus gobiernos, al igual que los números demuestran el poco éxito en los dos sexenios del PAN.
Los dos partidos han reconocido proyectos y acciones efectivas, de uno y otro lado, aun cuando el paso democrático se cimentó en el umbral de la transición.
Debemos exigirle a Enrique y Josefina, así como a Andrés Manuel López Obrador y Gabriel Quadri, posiciones mucho mas concretas que las generalidades de sus discursos. El candidato del PRI ha detallado acciones muy específicas, como la devolución itinerante del tianguis de Acapulco, una promesa regional un tanto extraña, ya que perjudica a las otras que lo reclamaron durante años.
Lo peor sería una campaña sin reclamos, sin “guerra sucia”, como le llaman los perjudicados; sin desmentirse ni ventilar los errores, deficiencias y atrocidades de sus gobiernos. Pero en el afán de arrinconarse el uno al otro, tratan de convencernos que el contrario es la consagración del fracaso.
El combate a la corrupción, el gran fracaso en la educación pública, la política energética, y la inseguridad, son problemas puntuales que deberían tener propuestas específicas.
Por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador es el único que ha prometido combatir frontalmente la fuerza sindical de Elba Esther Gordillo, como un paso necesario para destrabar el problema de la educación. En cambio, Josefina Vázquez Mota cuida el no golpear a la maestra; y el líder del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, anuncia alianzas convenencieras con el partido del magisterio en torno a un posible gobierno federal encabezado por Peña Nieto.
López Obrador manda al diablo los cambios estructurales necesarios para consolidar al país como una economía internacional, mientras el PRI no logra erradicar los grandes temores de los mexicanos a las devaluaciones y los grandes fracasos en la política económica. Un ejemplo de la persistencia del pasado es la deuda de Coahuila que dejó Humberto Moreira, echado de la presidencia del partido, precisamente por ser la antítesis de lo pregonado.
Josefina trata de asustar con el regreso al pasado, asegura que una victoria de su principal contrincante, comprometería el resto del siglo; sin embargo, los ciudadanos probamos que tanto la derrota del PRI en el 2000 como una posible derrota del PAN en el 2012, es una arma de los electores, que difícilmente nos volverán a arrebatar; que la simulación y el engaño son insostenibles en estos tiempos.
Ni 12 años perdidos con el PAN, ni el resto del siglo, de ganar el PRI. Eso es petate del muerto.

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