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jueves, 28 de abril de 2011

Movimientos sociales en peligro de radicalizarse

Hugo Páez

         El dolor es mal consejero. Aun cuando se entiende sin adjetivos el brutal encabronamiento de padres, hermanos y amigos de secuestrados, torturados y asesinados.
         Sin el dolor no se entiende el impulso de dejar la comodidad del hogar, trabajo, empresa, y lo que tuvieron hacer a un lado para alzar la voz en protesta pública Javier Sicilia, María Elena Morera, Alejandro Martí, Isabel Miranda de Wallace, Eduardo Gallo y Tello, Nelson Vargas, Julián LeBarón y Josefina Ricaño de Nava, por citar a los mas visibles.
         Sin embargo el dolor es mal compañero en la toma de decisiones y puede provocar una radicalización irracional del camino trazado con mucho esfuerzo por las asociaciones civiles que trabajan para exigir resultados y operación eficiente de las autoridades de los tres niveles de gobierno.
         No hemos valorado en su justa dimensión el esfuerzo de estos líderes sociales que crearon organizaciones de ayuda a víctimas, denuncia pública, monitoreo de autoridades, investigación de nuevas tecnologías, capacitación y normas para profesionalizar a las policías.
Pero también creo que atomizan su esfuerzo y empiezan a comportarse como un grupo de tribus, análogas a las cofradías que conforman el PRD, o las iglesias evangélicas.
Las relaciones humanas son difíciles, el choque de personalidades es evidente. En el trabajo de grupo las organizaciones democráticas, como los congresos y parlamentos, son los menos productivos, los intereses chocan y se neutralizan, un claro ejemplo lo estamos viviendo en las reformas que se originan en Cámara de Diputados y Senadores y no logran pasar, y cuando se dan acuerdos el resultado son leyes muy alejadas de las propuestas originales o de la conveniencia social.
Sería una lástima que la especie de federación de organizaciones civiles como México Unido Contra la Delincuencia, Causa Común, SOS, Alto al Secuestro y esfuerzos personales como el de Sicilia, LeBarón, Gallo y el sacerdote Alejandro Solalinde, terminaran neutralizados en una disputa de liderazgo.
Sicilia gritó “Ya estamos hasta la madre”, todos lo respaldaron. Antes, Nelson Vargas lo hizo con un grito deseperado y valiente, Alejandro Martí exigió “Si no pueden renuncien”, ningún funcionario de primer nivel lo hizo. La tinta gastada en pactos y acuerdos entre las instituciones y la sociedad civil cayeron en un terreno esteril. La suma de todas estas frustraciones llevan a la conclusión de que la voz de la sociedad no ha sido lo suficientemente alta para mover la estructura, los números juegan contra el discurso oficial que trata de explicar las 40 mil muertes dolosa en lo que va del sexenio en la ruta de la victoria contra el crimen organizado, como si estos no fueran mexicanos,  la mayoría, sin alternativa.
Radicalizar la posición de las asociaciones civiles aparece como ruta natural, sin embargo implica grandes peligros. Uno lo vivió Marisela Escobedo a unos metros del palacio de gobierno de Chihuahua donde fue ejecutada, ese es solo uno de los frentes que asechan a los demandantes, sin embargo el mayor peligro es que una posición extremadamente agresiva acaba por debilitarse a corto plazo y termina por asustar a la gran mayoría de los ciudadanos que no ha vivido el tipo de agresión extrema que sufrieron los líderes sociales.
Es triste reconocerlo, no queremos que nos saquen de nuestra comodidad relativa. Dudo que María Elena Morera, Alejandro Martí, Javier Sicilia, Julián LeBarón, Eduardo Gallo, Josefina Ricaño, etcétera, estuvieran en la lucha codo a codo, si el crimen organizado no los hubiera sacado de su comodidad, de esa garantía de seguridad que daban por hecho era una función del estado mexicano. Como no están en esa lucha los miles de empresarios a los que no les ha pasado gran cosa, si acaso dan ayuda económica a estas organizaciones, pero no prestan su cara, su voz, ni su tiempo.
Morelos puede ser el inicio de una exigencia mayor a las autoridades. El martes, al final de una reunión de la Comisión de Defensa Nacional, Javier Sicilia exigió información y reconoció el temor de que se apruebe la reforma, dijo "La desinformación es atroz y nos da miedo que no nos consulten a nosotros y ustedes son nuestros servidores, abran bien los canales y los oídos porque les vamos a hablar bien claro", agregó, "En el caso de mi hijo hubo Ejercito, policía, PGR ¿qué nos queda?, entonces, ¡atención, por favor estamos hasta la madre de su bla bla bla!". Eduardo Gallo sentenció que los mexicanos están hartos de los errores y estupideces que ha cometido el Gobierno en la lucha contra el crimen: "Vengo a decirles que como ciudadanos estamos hasta la madre de las fallas, errores y estupideces que se cometen en el Gobierno, que nos ha puesto en un baño de sangre a todos los mexicanos".
         Alejandro Solalinde dijo que es inaceptable que le den más atribuciones al Ejército "No es una ley cualquiera, es una amenaza a la sociedad, es más violencia contra nosotros, es poner en el camino más rápido la corrupción para el Ejército".
         El 5 de mayo inicia una marcha del centro de Cuernavaca para terminar el 8 en el zócalo capitalino, es otro gran reclamo de la sociedad y una prueba mas para las organizaciones sociales a las que les urge unir capacidades y evitar que su esfuerzo de años quede totalmente disperso.

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