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jueves, 7 de enero de 2010

Los poetas no creemos en las leyes

Hugo Páez

“Lo humano nace con la conciencia”, me comenta Morel, el primer día del 2010, un filósofo, doctor en el Concepto de Naturaleza de la escuela de Frankfort. Agrega: “la conciencia nace como capacidad del ser humano al nacer, al ser parido, antes no”.
La plática giró sobre el aborto que en el Distrito Federal que engendró disputas entre el PRD, gobierno de Marcelo Ebrard, iglesias, grupos Próvida, legisladores e intelectuales; un tema que sumó el de los matrimonios del mismo sexo y la legislación para adoptar infantes.
Hablamos de Albert Camus en la sombra del jardín de mi casa paterna. Este año se cumplen 50 años sin el anarquista, Morel evoca el concepto de conciencia del filósofo franco – argelino. Como referencia obligada cito la legislación del aborto en México y de algunos países europeos que rompieron barreras de tiempo; dentro de poco las mujeres podrán interrumpir el embarazo en cualquier semana, leyes que ceden la responsabilidad al libre albedrío, sin dar explicaciones.
Morel es un perfecto detractor de las leyes, aclaración necesaria cuando entramos a un debate normas, califica a las estructuras sociales que moldean la conducta como preceptos que cumplen intereses de grandes grupos de poder. Recuerdo las normas de seguridad impuestas por Estados Unidos, acentuadas por el frustrado atentado en el vuelo de Detroit; influyen en todo el mundo. En México el gobierno federal retiro la pseudoefedrina de las medicinas anti gripales para facilitar el trabajo a las autoridades de seguridad pública contra el narcotráfico, ley que no sirvió para nada, solo vulneró los derechos humanos sin que ninguna organización protestara y sigue vigente seguramente por olvido; el sustituto agregado a los antiistamínicos es deficiente frente a la sensación de bienestar de la pseudoefedrina, de la que una vez Eduardo Medina Mora me dijo “solo sirve para hacernos sentir bien, no hay cura para el virus” ¿no entendería que la función de una pastilla para el dolor, es quitar el dolor? De nuevo un paternalismo funcional que se arroga el derecho de decidir por todos, paso inmediato lo impone como ley.
“No hay asesinato del ser humano si no hay conciencia, y no hay conciencia si no existe alumbramiento; de hecho, ni siquiera sabemos el momento en que aparece el Big Bang de la conciencia (conscientia) como tal, solo podemos deducir que el ser humano al ser parido nace la conciencia como capacidad”. Pregunto: ¿entonces no hay asesinato, es como matar a una vaca ó a un pollo? no le gusta la analogía.
La mayoría de las tesis definen lo humano desde la concepción, la carga genética contenida en el ADN forma una cadena de 6 mil millones de pares de nucleótidos. Desde esta perspectiva bioquímica, los chimpancés serían casi tan humanos como el homo sapiens ya que compartimos una relación con el genoma del 96 por ciento y un cierto nivel de conciencia comprobado en experimentos con animales como delfines, elefantes y primates se reconocen y diferencian de los demás frente al espejo. Concluyo en que la conciencia no puede ser un elemento determinante, un parteaguas que defina el inicio de lo humano.
Los grupos encontrados se cierran a debatir el tema con objetividad, en estos momentos el desarrollo científico es incapaz de definir con precisión el momento de la explosión de la conciencia, ni los elementos que nos definen como humanos, más allá de lo biológico y de la clasificación taxonómica.
El razonamiento teológico no requiere estos argumentos, su código moral se asume ó no; en el lado opuesto, es absurda la ligereza que pretende tazar una infracción de tránsito con penas mayores al de un aborto, por decir lo menos, el estado gasta más en subsidiar un aborto en el DF que en otras infracciones a la ley que ameritan penas mayores.
Miles de abortos en la clandestinidad son una realidad, el derecho del hombre a hacer de su cuerpo lo que le plazca es una verdad universal, fuera del razonamiento teológico. En primera instancia, el cuerpo del hombre es su propia pertenencia, pero claramente el embrión gestado en una mujer no es solo su cuerpo, es una individualidad contenida en su cuerpo. A todas luces los elementos son insuficientes para legislar sobre el tema, las palabras de Morel son de una sabiduría liberadora: los filósofos, poetas y artistas no creemos en las leyes.