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jueves, 14 de enero de 2010

IFE vence a Fernando Gómez Mont

Hugo Páez

Las presiones de los Consejeros electorales del IFE vencieron al proyecto original de la Cédula de Identidad (CEDI) ciudadana, con características y usos más trascendentes que solo una credencial para votar.
Fernando Gómez Mont y Carlos Raúl Anaya del Registro Nacional de Población (Renapo) perdieron un proyecto que entre sus virtudes estaba la creación de una base de datos biométricos de gran ayuda para atacar el principal problema de México: la lucha contra el crimen organizado. Las presiones políticas de los Consejeros Electorales que cuidan más los intereses de los partido que de los ciudadanos, ganaron.
El propósito no fue ahorrar y aprovechar las credenciales existentes, el IFE pretende credencializar a 77 millones de mexicanos antes de las elecciones del 2012, con algunos datos biométricos que captaría el Renapo, por lo tanto el gasto se hará. Por otra parte, los menores de edad tendrán otro tipo de credencial, no el llamado “IFE”, tan popular entre los jóvenes para entrar a los antros, y tan fácil de falsificar.
No hay justificación para seguir con la credencial del IFE cuando el proyecto de base de datos del Renapo será mucho más confiable y profesional, sin embargo, la presión política de los Consejeros tuvo como principal argumento el doble gasto, el tiempo y la doble credencialización, además de la negativa a proporcionar la base de datos electorales a la Secretaría de Gobernación.
La doble credencialización está descartada si se utiliza la Cédula Única como credencial para votar, sin embargo este round lo perdió Carlos Anaya desde los primeros minutos; después se aceptó que el IFE mantuviera su credencial, como si los intereses de los partidos estuvieran sobre las decisiones de interés nacional.
A pesar de que la credencial con fotografía del IFE fue un importante avance en la vida democrática de México, en estos momentos el objetivo de credencializar a todos los mexicanos, no solo a los mayores de edad, tiene propósitos mucho más trascendentales, además de imponer candados mas severos para impedir fraudes electorales. Los usos futuros de la Cédula Única son inagotables en expedición de otros documentos como licencia de manejar, pasaporte, tarjeta de crédito; más allá, podría sustituir a un sinnúmero de identificaciones y es el primer paso para el uso de tecnologías de identificación por medio de radiofrecuencia.
El IFE presionó y Gobernación se auto convenció de que la credencial “fusionada”, como le llaman los Consejeros a la nueva identificación, servirá también para los propósitos de gobernación. Bajo esta modalidad, la Secretaría de Seguridad Pública, PGR, Ejército, Marina, etc. tendrán que consultar información ciudadana para propósitos de inteligencia en el Instituto Federal Electoral, eso si el sujeto es adulto, si es menor, irán a Gobernación.
Suponiendo que la tecnología permita unir las granjas de servidores de las bases de datos con simples consultas SQL y así se permita acceder a cualquier información desde una computadora; ese momento ideal estará supeditado a la sospecha de los Consejeros de que los organismos de seguridad pública no utilizan la información con motivos políticos.
El gobierno federal cayó en la trampa de enfocar dos proyectos distintos en uno solo. El propósito de la Cédula de Identidad es diferente en alcance, tiempo y forma, al de la credencial para votar del IFE. El Instituto debe mantener su autonomía y los Consejeros tienen todo el derecho de desconfiar de una base de datos centralizada en Gobernación.
Estas premisas son indicadores de dos objetivos diferentes. El IFE pudo utilizar la Cédula Única como credencial para votar, por el contrario, el objetivo de un registro poblacional biométrico no puede utilizar una simple credencial del IFE como la parte central de una base de datos confiable para propósitos criminalísticos aún cuando se incluyan algunos datos biométricos.
Insisto, son dos proyectos con objetivos diferentes; para los grupos en conflicto, Gobernación y el IFE, la fusión es una solución políticamente correcta; como proyecto de nación, totalmente incorrecta.