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jueves, 24 de diciembre de 2009

La guerra después de la guerra

Hugo Páez

La fotografía de Arturo Beltrán Leyva abatido a tiros en Cuernavaca, lleno de billetes ensangrentados y los pantalones abajo, recuerdan las imágenes de la prisión de Abu Ghraib en Iraq en el 2004.
La tomas difundidas en internet y cadenas internacionales ilustraban las torturas de árabes por soldados de Estados Unidos e Inglaterra; la reacción no se hizo esperar, como ocurrió el martes en Tabasco contra la familia del marino caído en el golpe a Beltrán Leyva. Abu Ghraib con imágenes de torturas, vejaciones y humillaciones de prisioneros que eran atados como perros de inmediato desataron una espiral de violencia y atentados contra las fuerzas de ocupación y los nacionales colaboracionistas. Las comparaciones distan años luz, sin embargo, el fuego que enciende venganzas es de la misma leña: el abuso.
No basta con el deslinde, disgusto público de la Secretaría de Gobernación y pase de culpas al Servicio Médico Forense de Tabasco; él ó los culpables siguen sin nombre, y en casual consecuencia fueron masacrados los familiares del marino caído en el asalto a la residencia de Beltrán Leyva.
Abusos sin castigo es el mensaje que dio el gobierno federal, quien de inmediato recibió otra noticia trágica desde Sinaloa, estado de “El Barbas”: acribillaron al Secretario de Turismo, Antonio Ibarra Salgado, un funcionario buena fama y trayectoria, del que solamente se explica su ejecución como un mensaje al gobierno de Jesús Aguilar Padilla, que el martes cumplió, con el crimen de Antonio, la ejecución número 1,196, del año, 4,315 del sexenio. Las “herramientas” de los sicarios lo dicen todo: ametralladoras Cuerno de Chivo y pistolas Mata Policias.
El gobernador de Sinaloa repitió el martes las gastadas e impotentes palabras del 5 de septiembre del 2007, cuando fue asesinado Oscar Rivera Inzunza, vocero del Operativo Conjunto de Seguridad: “no habrá impunidad”.
Se revirtieron las virtudes del golpe de Felipe Calderón al más grande capo caído en su sexenio por la imprudente foto y la respuesta del crimen organizado. No hay duda ni opciones, el gobierno federal debe mostrar una fuerza mayor a carteles, sin embargo, el método lo erróneo parece difícil de superar. A diferencia de Abu Ghraib, la guerra de Felipe Calderón se desarrolla al interior del país, donde han caído más de 15 mil mexicanos; no en el extranjero, donde los yerros de George Bush parecen incidentes mediáticos.
¿Quién preparó la escena fotografiada de Beltrán Leyva que echó a perder el golpe de Felipe Calderón? Alguien esconde la fácil respuesta. La protección del abuso tuvo consecuencias y sigue la interrogante que como muchas otras hacen ver la lucha contra el crimen como una guerra fallida, sin resultados claros, con grupos encontrados que se afanan por meterse el pie unos con otros; escenas que se ilustran con los enfrentamientos de la PGR contra Genaro García Luna, de este con el ejército, de SEDENA contra la Secretaría de Marina que se resiste a fusionarse, aún contra las tendencias internacionales, y de los gobernadores de los estados contra las fuerzas federales que meten la nariz en sus negocios. Y como dijo Felipe Calderón: lo bueno del 2009 es que ya se va a acabar. Sin embargo, la probabilidad indica que el 2010 podría ser una versión dantesca del 2009, la guerra después de la guerra.