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viernes, 14 de septiembre de 2018

Coros del proletariado en el Congreso y AMLO con empresarios en el Camino Real

    
Coros del proletariado en el Congreso y AMLO con empresarios en el Camino Real
    
Hugo Páez
 
Mientras cientos de industriales de la Concamin festejaban con el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, el primer centenario de la Concamin en el hotel Camino Real de Polanco este jueves, en la Cámara de Diputados se aprobaba la Ley Federal de Remuneraciones de Servidores Públicos que pone freno a los salarios de los tres poderes.
Difícilmente alguno de los empresarios en mi mesa y en las decenas alrededor del evento de Francisco Cervantes Díaz ganan menos que los 108 mil pesos propuestos por López Obrador (modificación al 127 constitucional), y podría apostar que el promedio multiplica varias veces ese salario, decenas o quizá más, mientras los cánticos en San Lázaro loaban: “¡Es el triunfo del pueblo..!”, “¡se les acabó la fiesta..!”, “es la Cuarta Transformación de la República!”.
La euforia en San Lázaro evoca la profecía del triunfo del proletariado de Karl Marx. En paralelo, en La Terraza del Camino Real, el presidente electo, acompañado de Alfonso Romo, de Olga Sánchez Cordero y Graciela Márquez, escuchaban a Armando Garza Sada, presidente del Grupo Alfa: “Don Eugenio (su abuelo) decía que gracias a los errores del gobierno los empresarios e industriales se armaron de fortaleza para crecer, ser globales y competitivos”.
La clave de esos posibles errores puede estar en los comparativos de salarios entre directivos y especialistas técnicos de las petroleras Exxon y PEMEX. Esas distancias se van a agudizar brutalmente a partir del 1 de diciembre en la burocracia federal.
Los abusos de la burocracia fueron brutales durante lustros en que el PRI se manejó como una agencia de empleos para un gremio que garantizara su eternización en el poder. Entiendo la insidiosa corrupción que canceró a la estructura gubernamental de los tres niveles, pero no entiendo la tabula rasa que amputará a todos por igual, cuando existen áreas en el gobierno federal que son consecuencia del mercado laboral internacional, y otras que necesitan un blindaje anticorrupción como los jueces, tal como lo dijo la futura Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, ministra en retiro, con quien hablé en el encuentro.
Tampoco se entiende el perdón a priori a los corruptos salientes más que en términos de  acuerdos de impunidad. ¿Es inevitable el sometimiento austero a la masa burocracia entrante, con propósitos de predicar con el ejemplo? tal vez, pero no con el rasero, un estudio de expertos laborales y en recursos humanos podría definir estos parámetros, pero NO tendría el impacto mediático que reclama la revancha social.
Veo también el riesgo del ‘efecto perverso’ -término sociológico que  define los resultados inesperados de medidas tomadas para propósitos diferentes- en decisiones rigurosas como esta, el sentido común dicta que una buena cantidad de funcionarios, de esos variopintos que fue recogiendo Morena en el camino, van a robar. Punto.
La voluntad del presidente electo, análoga al mandamiento “No robarás” dista de ser un control eficaz, y cimenta la confianza en virtudes generalizadas inexistentes, aún cuando amenace a parientes, amigos y colaboradores.
Otro efecto perverso resultará de la distancia entre la calidad del mercado laboral de la iniciativa privada, comparada con la del gobierno. No todos los fieles al profeta están dispuestos al ascetismo el pro del bien común, que es el menos común de los bienes.
No hay duda que Andrés Manuel pretende un cambio radical, pero el voluntarismo está muy lejos de ser una medida anticorrupción, por lo tanto, es necesario implementar mecanismos complejos y autónomos. Y en este tema ya empezamos mal, con el rechazo del presidente electo a modificar el artículo 102 constitucional, cuyo objetivo es crear la Fiscalía General, la Anticorrupción y la Electoral, verdaderamente autónomas.
El próximo fiscal vendrá con los riesgos que se materializaron en el actual Procurador Alberto Elías Beltrán, operó como una falange facciosa del gobierno, así fue señalado también por el Tribunal Electoral de Janine Otálora, y la CNDH de Luis Raúl González Pérez.
Dos universos paralelos corrieron la noche del jueves. Uno transcurrió en un ambiente extraño para el evangelio pregonado durante 18 años de campaña: López Obrador, rodeado de industriales y empresarios accedió a la petición elocuente y profesional de Manuel Pérez Cárdenas para dar un mensaje en esas tierras extrañas, que ahora forman parte de su gobernanza.
Ahí dio un discurso centrado en el valor de las instituciones, como el Ejército, a la que calificó como extraordinaria “porque nunca se ha insubordinado a la autoridad civil, porque nunca dio un golpe de estado, a diferencia de otros países”.
Esas instituciones en tiempo pretérito fueron ‘mandadas al diablo’, ahora son reconocidas frente a empresarios e industriales en el México de la Cuarta Transformación.
Una observación: el improvisado Andrés Manuel debe dar paso al estructurado presidente electo, no puede recurrir siempre a los mismos pasadizos de la historia pre y post revolucionaria para explicarlo todo, para enraizar el origen de todos los males en los malos gobiernos, una visión maniqueísta, relativista e imprecisa, a base de discursos de la nueva moral quiere borrar el pasado de un gran número de integrantes de su tripulación actual, y aún no sabemos si sus barcos nos llevarán a buen puerto, o siquiera a algún puerto.
La improvisación funcionó en la plaza pública, no en auditorios especializados como la Concamin, como el del Colegio de Ingenieros, delegaciones diplomáticas internacionales, negociadores comerciales, etcétera.
Con la investidura presidencial, López Obrador asumirá también el liderazgo de los burócratas que deben dar resultados. Si se dedica a pontificar desde las profundidades de la historia, estamos perdidos.
Podría definir el discurso de López Obrador en los 100 años de la Concamin como una divagación histórica que en momentos recordaba las coordenadas donde estaba parado, y al vuelo buscaba relacionar conceptos empresariales e industriales para aterrizarlos en algo más o menos coherente.
La improvisación efectiva es una disciplina poco improvisada.
Dudo que más del 10% de los asistentes a la cena del jueves en la noche hayan votado por López Obrador, veían en el priista José Meade Kuribreña la salvación, otros en el panista Ricardo Anaya Cortés, pero esa noche juraron apoyar incondicionalmente al presidente electo, mientras los ‘coros del proletariado’ inundaban el recinto legislativo de San Lázaro.
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