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martes, 6 de agosto de 2013

López Obrador impone agenda el PRD y blinda a MORENA

Hugo Páez

         Andrés Manuel López Obrador hace todo lo posible por evitar cualquier ingerencia en MORENA que provoque la creación de corrientes, “tribus”, en un lenguaje mas preciso que describe la gestación desde la transición del Partido Mexicano Socialista en el PRD de 1989.
         El ex candidato presidencial no pierde la oportunidad de aplastar todo lo que huela a cortina mediática que pueda competirle, como es el caso de la legalización de la marihuana, un tema bajo la batuta de Marcelo Ebrard en la Asamblea Legilativa y el Senado con Mario Delgado que reforzó Graco Ramírez -convertido en archienemigo de Andrés Manuel- en Morelos. El proyecto legislativo se complica enormemente con el rechazo de Eruviel Ávila, la Arquidiócesis y la posición del gobierno federal, que, en boca del Procurador Jesús Murillo Karam, es un tema de entramado global que no se debe tratar de forma aislada, por lo tanto, lo condena al atomizado debate internacional.
         Los temores de López Obrador no son infundados. Aún cuando su peso específico es capaz de aglutinar a millones de seguidores, muy por encima de cualquier otro líder de izquierda, conoce los alcances de sus pares en el PRD, PT y Movimiento Ciudadano, y el potencial para armarle cofradías que en determinado momento cuestiones sus decisiones y la de sus incondicionales.
         Lo de Andrés Manuel es jugar solo, la teoría le da la razón. Las organizaciones democráticas como los Congresos y los partidos políticos organizados en células plurales, aun cuando converjan en una misma doctrina, tienden a ser mucho menos eficaces que las estructuras verticales. El tabasqueño no está dispuesto al desgaste en un debate interno en su propio partido, MORENA. Las decisiones las toma él, y si es necesario colegiar algunas, lo hará en su círculo rojo o con sus asesores.
         EN México el ejemplo es claro: la ineficacia en el Congreso provocada por el choque de fuerzas paralizó a Vicente Fox y Felipe Calderón, lo que obligó a Enrique Peña Nieto a la construcción de un espacio de acuerdos llamado Pacto por México.
         Pero también se equivoca. El ex candidato dilapidó el 30% de su capital político en el Plantón de Reforma en el 2006 y adolece de soberbia al subestimar a sus compañeros que lo apoyaron en el 2012, además de persistir la sospecha de instigar las protestas violentas de anarquistas y derivados del #YoSoy132.
         Tendrá que probar atracción de masas el 8 de septiembre en el Zócalo capitalino al arrancar “La defensa del petróleo”, de otra forma, sus mismos compañeros de izquierda, a los que mandó por un tubo, se encargarán de materializar el dicho: los peores enemigos son los ex amigos.
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