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martes, 22 de mayo de 2012

López Obrador convierte la elección en referéndum

Hugo Páez

Andrés Manuel López Obrador está convirtiendo la elección presidencial en un referéndum, en su forma clásica, en la que induce al electorado a dar un “si” o un “no” al regreso del PRI a Los Pinos.
Como en el 2006, necesita polarizar la decisión de los electores en el elemental concepto del “bien y el mal” en la imagen de Enrique Peña Nieto, a la que no había podido prender hasta la protesta del viernes en la Universidad Iberoamericana.
No fue parte de un plan maestro, no le da para tanto, pero es muy bueno para leer el día a día, y tiene un olfato muy sensible para aprovechar los odios y canalizarlos a su favor.
Se olvidará de Josefina Vázquez Mota mientras no despegue a una distancia amenazadora, pero le llegará su momento, sin embargo adolece de una falla estructural muy delicada: tiene la maquinaria lectoral mas deficiente de los tres grandes candidatos, por lo tanto, la panista podría resultar beneficiada de su beligerancia.
Por el momento se mantiene observando la racha de López Obrador y el cabeceo de Peña Nieto, y aun cuando parece tirar golpes, en realidad espera el desgaste de sus adversarios.
El Antipeñismo es un concepto hecho para dividir a los electores en dos grandes grupos, a cuarenta días de la elección presidencial como una estrategia emergente para unir fuerzas contra el puntero que conserva entre 17 y 20 puntos de ventaja, aun cuando Josefina publicó una encuesta en la que está 4 puntos debajo del priista y 7 arriba de Andrés Manuel.
El “referéndum” tiene como propósito inicial polarizar las opciones para definir con claridad que “el mal” es el regreso al pasado, aun cuando “el bien” permanezca nebuloso entre Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador.
A los pocos días de iniciada oficialmente la campaña presidencial, Peña Nieto se convirtió en un fenómeno de masas que alarmó terriblemente los cuartos de guerra de Vázquez Mota y López Obrador, durante mes y medio no hubo forma de detener la carrera acelerada.
En la efervescencia de la Ibero el candidato de las izquierdas encontró la fórmula para polarizar la elección contra “el mal” que aquejó a los mexicanos por mas de 70 años.
Andrés Manuel sufrió esta misma polarización en el 2006, vivió en carne propia la carga negativa del “Peligro para México”, sin embargo ahora rota los polos a su favor con la complacencia temporal de Josefina, con la esperanza de que el segundo debate del 10 de junio impacte en las encuestas para entrar en una recta final mas agresiva.
La Plaza de las Tres Culturas fue el escenario perfecto. Estudiantes y grupos de izquierda llenaron el escenario emblemático de la lucha estudiantil del 68, Andrés Manuel López Obrador recordó el autoritarismo y la intolerancia. Llamó a los presentes la generación de la crisis que va a provocar la transformación. En el escenario de la masacre se cuidó de mostrarse pacificador, pero la historia está llena de tragedias que iniciaron jugando con fuego, y no solo de gobiernos autoritarios, sino de odios inoculados. Esperemos no estar en esa antesala.

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