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martes, 30 de junio de 2009

¿Podría haber golpe militar en México?

Hugo Páez

Es una pregunta incómoda para la clase política. Negada categóricamente por quienes creen necesario quedar bien con el ejército, la institución mejor calificada por la opinión pública, aún sobre la iglesia católica.
Felipe Calderón aclaró su postura al llegar al aeropuerto de Managua: “Al poder se llega por las urnas, no por las fuerzas armadas”, necesaria la frase cuando en México la reelección es un tema recurrente después de la parte media del sexenio, tema que provocó la embestida militar contra el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, y metió al país en una crisis provocadora de las reacciones más enérgicas contra el golpismo militar.
Para los mexicanos, el ejército es el único garante en la lucha contra el narcotráfico, aún cuando el origen de una de las bandas criminales más crueles, Los Zetas, es el ejército. Aún cuando un general, el ex zar antidrogas José Gutiérrez Rebollo cumpla una condena en un penal de máxima seguridad por proteger a un cartel de la droga.
El ejército se constituyó en un pilar silencioso y garante del triunfo electoral en la elección presidencial del 2006. Mensajes de apoyo al ganador del partido que fuera, llegaron desde las fuerzas armadas a la sociedad civil, bajo el entendido de que la autoridad electoral tenía la última palabra.
Desde la toma de posesión, Felipe Calderón valoró a la institución y decidió equiparla, modernizarla y elevar el nivel de ingresos de sus elementos, no había otra opción contra un enemigo violento, con tecnología de punta, como son las bandas criminales del narcotrafico, secuestro y extorsión. Los mexicanos creen en el ejército y el presidente lo ha fortalecido. Son la parte más confiable en la lucha contra el crimen organizado, no la más eficiente; y a diferencia de la clase política, la opinión pública los califica en primer lugar, sin embargo, un elemento imprescindible en las democracias liberales está ausente en la estructura orgánica del poder ejecutivo de nuestro país: la autoridad civil por encima de la militar. En pocas palabras, un civil como secretario de la defensa nacional, elemento fundamental para el equilibrio de la fuerza al interior del estado y una barrera más para evitar tentaciones.