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jueves, 25 de septiembre de 2014

Juan Ignacio no cree en Margarita Zavala..?

Hugo Páez

Debo pensar que Juan Ignacio Zavala Gómez del Campo no cree en el potencial político de su hermana Margarita, ni de su capacidad para revertir la crisis del PAN.
Su renuncia al partido, en momentos en que la ex primera dama dice buscar una diputación federal, con grande posibilidades de lograr la coordinación parlamentaria, y tal vez la candidatura presidencial en el 2018, revela ausencia de fe en casa propia.
De viva voz, Felipe Calderón dijo a El País que no ve a Gustavo Madero en la Presidencia de la República. En esta lógica, la decisión que publicó Juan Ignacio en su columna del periódico Milenio, y sus malos pronóstico para Acción Nacional de no regresar a Los Pinos en 18 años, hablan de la desconfianza en el potencial de Margarita Zavala.
Juan Ignacio Zavala fue un privilegiado en el sexenio de su cuñado Felipe Calderón Hinojosa que no se comportó como tal. Pero fue testigo del infame tráfico de influencia del grupo calderonista que ayudó en gran medida a la crisis del partido, gestada mucho antes de la derrota presidencial del 2012.
No lo creo cínico ni hipócrita, sin embargo participó activamente en la cofradía que nunca tragó a la candidata presidencial Josefina Vázquez Mota. Esa cofradía incapaz de superar la derrota de Ernesto Cordero Arroyo para consolidar la unidad del partido y evitar el regreso del PRI a Los Pinos.
Tal vez ya era inevitable, ante la evidente incompetencia de Felipe Calderón para mantener la confianza del electorado en la continuidad del PAN en la Presidencia de la República.
Desde finales del 2011, en el círculo presidencial al que tenía acceso Juan Ignacio, sobraron los datos confiables de lo posible en el 2012. Pronosticar la derrota de el, o la candidata del PAN, no dejaba de ser una conjetura para los “simples mortales”, no es el caso de los cercanos a Calderón. Sabían que era necesario buscar un culpable después del fracaso de Cordero, y del ascenso meteórico de Enrique Peña Nieto.
Corroborado por diversas fuentes, durante meses se habló de la molestia de Felipe Calderón al ver crecer la imagen del precandidato del PRI en los medios de comunicación. Sufría al ver la cobertura de Peña Nieto en la televisión, y cómo fue rebasando paso a paso al presidente en funciones.
Tal vez Juan Ignacio se negó a ver desde la cima de la administración de su cuñado, que el PAN ya no era lo que creía. De cierta forma su caso es excepcional, de pobreza inexplicable, por así decirlo, comparado con otros cercanos al presidente que salieron con las manos llenas. Riqueza inexplicable.
Posiblemente le gana el coraje y la decepción, y no es lo suficientemente cínico, como otros perfiles políticos que resisten lo indecible para alcanzar metas propias.
Deja al PAN y dice que no se va a otro partido. Pienso que en este drama que inició el 1 de diciembre del 2006, los Zavala salen perdiendo. No lo merecen, pero así de terrible es la política.
Al renunciar al partido, por enfado creo que también renuncia a la crítica dura, ácida, es su estilo. Su ejemplo debería de abonar a la reflexión de los que insisten en dinamitarse unos a otros, en el frenesí por arrebatar las migajas del 2015 y el 2018. De otra manera el pronóstico de Juan Ignacio será realidad. Ya veremos si 18 años es suficiente.

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