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jueves, 7 de agosto de 2014

Son proyectos de Madero, no del PAN

Hugo Páez

El ridículo está a la vista, todo por la soberbia y escaso tacto político por no tender la mano franca en la urgente necesidad de unificar al partido Acción Nacional, después de la contienda interna.
Ahora la dinamita que hace volar la propuesta de aumentar el salario mínimo a partir de una consulta popular, viene de las mismas manos azules que se quedaron esperando.
Cuesta entender que Gustavo Madero no los haya buscado, aún a través de terceros. Por la naturaleza del tema salarios, era imprescindible el aval de los ex secretarios del Trabajo y de Hacienda, Javier Lozano y Ernesto Cordero Arroyo.
Y quien mejor que ellos para desacreditar la “ocurrencia” del presidente del partido que ya publicó un sitio en internet con formatos para que cada militante le procure 10 firmas con datos de credencial de elector y huella digital.
Entiendo la desesperación del Jefe de Gobierno del DF Miguel Mancera para tratar de revertir los malos números de las encuestas de aceptación, según esto, hundidos a últimas fechas por el rechazo de la población al nuevo Hoy No Circula, con un proyecto que presentó el 1 de mayo, Día del Trabajo, y lo dejó dormir quien sabe por qué, pero de pronto despertó al verlo en manos de Madero y el CEN panista.
De botepronto la idea permeó, pero no aguantó la menor prueba, sobre todo en la franja clientelar del PAN compuesta de esa clase media embebida en la cultura empresarial, la que tiene tatuado en el recuerdo, con pavor, las difíciles épocas inflacionarias.
Desde la pregunta boba proyectada en la consulta ciudadana y la obvia respuesta -como dice Javier Lozano, si me preguntan si quiero ser feliz voy a decir que sí, y si quiero pagar impuestos diré que no- la fórmula simplista y electorera parece una maniobra desesperada.
Ayer consulté con gente de la Coparmex de Juan Pablo Castañón, me dicen que no están de acuerdo con la propuesta de Madero y Mancera, en cambio presentarán en breve un proyecto para formalizar el empleo, ya que la informalidad compuesta por el 50% de la población es la que recibe un salario mínimo, en cambio, los empleos formales pagan entre tres y cuatro salarios o más. Y de aumentar el mínimo, este sector productivo bajará su contratación mientras que a los más pobres les seguirán pagando lo que se dejen, y el hambre obliga a aceptar miserias.
A diferencia de Miguel Mancera, Gustavo Madero desplegó una estrategia propagandística de mayor impacto, más fácil de digerir, y aparentemente menos analítica, desde el punto de vista de modelo económico, como lo hizo a detalle el Secretario de Economía del DF Salomón Chertorivski.
El problema es que nadie les cree que vaya más allá de una estrategia electoral, así que el gobierno federal y los calderonistas la tienen muy fácil para tumbarla con el sanbenito de la inflación, y la alteración de las variables económicas, que, de por si, no logran reflejarse en el bolsillo y en la mesa de los hogares mexicanos.
La herida quedó abierta, y por la soberbia o incapacidad para unificar al partido, Gustavo Madero se va a topar en cada proyecto con el escrutinio milimétrico de los fueron y siguen siendo sus adversarios después de la contienda que lo llevó a la reelección en el PAN el 18 de mayo. Pero tomó la decisión de navegar con su misma tripulación, compuesta de incondicionales, cortos e impresentables. Enredarse en la bandera de la defensa de los trabajadores, sin la ortodoxia panista de antaño en estos temas, le va a facilitar enormemente el trabajo a sus adversarios del PRI y al gobierno federal.
No serán necesarios los embates del  titular del Trabajo Alfonso Navarrete Prida, del de Hacienda Luis Videgaray ni de Ildefonso Guajardo de Economía, basta con que señalen los discursos de sus antecesores Javier Lozano y Ernesto Cordero para reventarlo.
Y si se tratase de preguntarle a la población que si quiere ser feliz, rica y no pagar impuestos, pues va a ganar la consulta.
¿Ese es el nuevo PAN de Madero..? ¿Inconsistente, superficial, mañoso..? Carlos Castillo Peraza, Manuel Clouthier y Carlos Abascal, por citar a algunos, estarían revueltos al ver la distante posición inferior que tomaron frente a un PRI que consolida con pericia política proyectos históricos como las reformas estructurales, por cierto, gracias en buena medida al PAN, pero que inexplicablemente abandona esa paternidad por tomar la vía populista.

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