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jueves, 25 de abril de 2013


Debilitar a Peña Nieto, la estrategia

Hugo Páez

         La lista crece: Guerrero, Michoacán, Oaxaca la UNAM, rechazo a Rosario Robles, los daños colaterales al Pacto y las torpes maniobras del impresentable Javier Duarte.
         Seguramente ningún gobierno quiere caer en provocaciones, pero hay límites para mantener la pasividad de las autoridades, mientras los maestros de Guerrero y Michoacán rebasan la línea, los primeros llegaron a destrozar las sedes estatales del PAN, Movimiento Ciudadano, PRD y PRI, este último con fuego.
         El escenario premodero: un puñado de encapuchados de Rectoría mantienen paralizado el trabajo administrativo de la UNAM, vandalizan el edificio patrimonio de la UNESCO y envian un mensaje inequívoco: esta es la forma de doblegar a la autoridad.
         ¿Cuál será el punto de ebullición de Ángel Aguirre Rivero..? Es un misterio que se puede dimensionar en proporción al miedo a incendiar el movimiento magisterial que tuvo sus capítulos de derrota frente a Manuel Modragón, pero en el ámbito de la autoridad local se ve totalmente victorioso.
         Al CETEG le importa un cacahuate si su movimiento pierde adeptos, también les vale madre el cumplimiento de la mayoría de sus peticiones infladas para encarecer su posición. Si dan un paso atrás por dinero, tendrán oxígeno para regresar cuando se les pegue la gana. Es el éxito de estas estrategias.
         Pero atrás hay quienes abrevan de este manantial. Llama la atención los esfuerzos de Martí Batres y Ricardo Monreal en redes sociales para construir una justificación razonada de los eventos de Chilpancingo, Morelia, Oaxaca y Ciudad Universitaria.
         Hablan de que la autoridad debe atender los reclamos sociales en lugar de reprimirlos. Ventajosamente no definen reclamo social, ni exponen una diferencia del momento en que una protesta muta en un hecho delictivo.
         Hacer apología de los maestros sin nombrar los destrozos a edificios, el caos en vías de comunicación o el ataque de los encapuchados del 1D (1 de diciembre del 2012) a empleados del  CCH         y la repetición en rectoría es una estrategia dialéctica que justifica, al estilo de las represiones de Hugo Chávez con la oposición venezolana, secundada por Nicolás Maduro contra los seguidores de Henrique Capriles, todo lo que pueda favorecerles o esté en contra de sus adversarios.
         Debilitar a Enrique Peña Nieto es el nombre de la estrategia.
De ser necesario incorporan cualquier tipo de inconformidad o reclamo, aun cuando el grado de violencia haga imposible un argumento razonado. Para eso está el rollo y los viejos clichés de la desigualdad social, la imposición del Fondo Monetario Internacional, la globalización, la venta del país, el sometimiento al capital transnacional y cientos de tabúes globalifóbicos.
         ¿Qué es todo eso..? De esos muchos, muy pocos lo saben. Es una cofradía de fieles, incapaces de cuestionar el evangelio del líder. Los manda a utilizar Penicilina sin comprender su funcionamiento, a preparar cocteles Molotov, como en el 1 de diciembre, tan solo con la fe del resultado y el fin de la causa.
         Frente al grueso de la población, los activos son mucho menos que un decimal, pero con eso es suficiente, lo prueba el precario par docenas de activistas que mantienen en jaque al Rector José Narro Robles, y además le ponen agenda.
         Son muchos frentes abiertos. Habrá en el gabinete quien los subdimensione, es la tendencia de comunicación frente al crimen organizado que ventiló el subsecretario de Prevención de Segob, Roberto Campa Cifrián. En un principio funcionó, cuando menos para bajar la percepción. Pero estos no son descabezados o masacrados anónimos, es una estrategia política que se apropió de la agenda de medios. Y este es un indicador para actuar a la brevedad, por encima del temor de los gobernadores y del Rector de la UNAM.

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