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martes, 30 de agosto de 2011

Monterrey no cree en las lágrimas


Hugo Páez

Como siempre una tragedia como la del Casino Royal de Monterrey acelera el oportunismo político como un sintoma insidioso que oculta las causas de la enfermedad para atacar con brutalidad a la sociedad.
Es impresionante que un puñado de delincuentes de bajísimo perfil no puedan ser neutralizados a tiempo, no se entiende sin la complicidad de policías municipales, estatales y federales.
Los criminales estaban avecindados en Monterrey, una ciudad que sus mejores momentos era orgullo de vanguardia tecnológica, en ciencia y en arte, fuera de prejuicios "humanísticos" que presentaban la estética y la cultura tecnológica empresarial como polos opuestos.
A Monterrey lo disfruté en carne propia durante cinco años de carrera en el Tecnológico, su tranquilidad y la inigualable atmósfera estudiantil donde por unos pesos viví a Jean Pierre Rampal, Nicanor Zavaleta, I Musici, Naciso Yepes, Swigle Singers y muchos mas clásicos en el auditorio Luis Elizondo, además del majestuoso concierto de Queen en el estadio de los Tigres con el esplendor de Freddie Mercury.
En marzo del 2010 la decadencia hizo voltear la mirada de todos a la Sultana del Norte, yo, desde el otrora inseguro DF ahora calificado como territorio pacífico, vi lo inimaginable: soldados asesinando a los estudiantes de postgrado del Tec Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, en la avenida Eugenio Garza Sada, esa que atravesé cientos de veces a todas horas, muchas de madrugada, en el mismo recorrido de fin de mes escolar como esos dos masacrados en fuego cruzado a los que se intentó manchar identificándolos como sicarios, para tales efectos, la autoridad desapareció sus credenciales escolares. La mentira no pudo soportar el paso de las horas, la presión del rector y de los padres fulminados por el agravio.
Al poco tiempo ese paisaje se volvió cotidiano agregando el terror de los narcobloqueos, los descabezados y el golpeteo trepidante de las AK-47, R15, Uzis y todas esas armas de asalto permitidas de nuevo en Estados Unidos a partir del 2004.
El jueves Monterrey caminó la ruta de la mano de Virgilio por los infiernos que describió Dante Alighieri, esas cavernas por las que los regios nunca pensaron recorrer. Alegoría de la Divina Comedia, una obra en la transición de la Edad Media al Renacimiento y ahora lo hace en sentido inverso para llevarlos a la experiencia de Ciudad Juárez y San Fernando.
Los regios siempre se declaran culpables de sus aciertos y sus yerros, de ese empuje y talento que los llevó a la excelencia y ese dormitar en laureles que los hundió en el clímax del Casino Royale. Un sentido de responsabilidad que gesta las grandes hazañas y servirá para levantarse de nuevo. Lo vamos a ver.

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