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jueves, 5 de agosto de 2010

Mariguana, sotanas, desesperanza y lamentos por no saber comunicar

Hugo Páez

Comentaba en este espacio a principios de julio, cuando el presidente Felipe Calderón convocó a un diálogo para la seguridad pública, que en anteriores acuerdos no incluyeron a las iglesias, que jugaron un papel muy importante en la lucha contra el crimen organizado y la prevención del delito en Palermo Italia.
Católicos, protestantes, cristianos, judíos y ortodoxos entre otros, hablaron ayer de “desesperanza” en la población. Quizá la crítica mas duras para un presidente de la república que significó una segunda esperanza de cambio, después del primer presidente panista Vicente Fox Quezada.
La conclusión de los líderes religiosos es que la gente está decepcionada, sin creer en la efectividad de la guerra que inició Calderón, a la que por cierto ya le quitaron oficialmente el mote de “guerra” en el gobierno federal, para eludir el estatus de beligerante a los grupos criminales. Pues bien, esa desesperanza ha llenado las iglesias a medida que se incrementó la violencia. Una indicador mas efectivo que las encuestas sobre inseguridad.
Dijo el cardenal Norberto Rivera que quizá la desesperanza era culpa de que el gobierno federal no sabe comunicar sus logros contra el crimen organizado. Una cortesía de Rivera, diría yo; palabras que replicó del presidente para suavizar las críticas y matizar la incompetencia.
A diferencia de los dos diálogos anteriores con representantes de organizaciones civiles y líderes de opinión, la iglesia no duda en ser parte activa de la solución, su estructura y base social se lo permite, el objetivo de su función social está plagada de espacios en los que cabe promover ese cambio de conducta tan necesario para reforzar los valores de rechazo al delito, al crimen, esa línea entre el bien y el mal que estiraron los grupos criminales y les permite reclutar a miles de jóvenes, muchísimos de ellos masacrados en este estilo de vida.
El martes pasado Guillermo Valdés del CISEN declaró que van 28 mil asesinatos dolosos, cifra que supera en más de tres mil a la de la Procuraduría General de la República, pero aún si tomamos como bueno el conteo de Arturo Chávez Chávez, es brutal.
Los foros públicos de Felipe Calderón tienen el evidente propósito de involucrar a todos en la lucha contra el crimen, sin embargo, corren el peligro de chocar en conceptos en los que existe una visión totalmente polarizada, como la legalización de la mariguana En la desesperada por buscar una solución al problema, líderes de la sociedad civil propusieron, al también desesperado Felipe Calderón, la posibilidad de legalizar la mariguana como un paso mas en el combate al crimen organizado.
En el análisis de las partes la solución parece vanguardista, Eduardo Gallo, María Elena Morera y Jorge Castañeda argumentan las bondades de esta reforma legal asumida por algunos países del primer mundo. El golpe a las finanzas de los grupos criminales es el kernel del argumento, que de forma mañosa exalta lo bueno y oculta el veneno potencial de la medida.
Para evitar esos daños colaterales aún no estimados, algunos ni siquiera imaginados, proponen debates en foros de análisis para estimar la factibilidad de legalizarla.
Intuyo que el debate artificial mutará en platica Bizantina, que de superar mitos y tabúes, y suponiendo que la conclusión sea: legalicemos la mariguana, el problema que es en estos momentos de los organismos de seguridad pública, pasará a ser de salud pública, como el alcoholismo y el tabaco.
Una leyenda urbana de autoconvencimiento corre en los ánimos de los que apuestan por el SI: cuando se legalizó el alcohol no se incrementó mucho el consumo. Lo miden en el tiempo inmediato a la acción, sin esperar a que la mayor resistencia, la cultural, relajara sus brazos y detonara el consumo exponencialmente.
Resultado de ello es que no hay ciudad grande en el mundo civilizado que no imponga controles de alcoholimetría en vehículos. Los jóvenes siguen siendo la principal meta de los productores de alcohol, basta observar las adaptaciones culturales de la cerveza en presentaciones light, envases azules, verdes fosforescentes y un sinnúmero de submarcas.
En la última década el consumo de drogas mas duras que la mariguana creció considerablemente. La tesis de que los usuarios de metanfetaminas, cocaína, crak y sus derivados, van a cambiar por mariguana es una ilusión, ya hubiera pasado con el alcohol como sustituto, el tóxico universalmente aceptado que no se considera una droga, pero lo es, y aún mas dura que la mariguana.
Fumarla en Estados Unidos es tan natural y masivo que las presiones de grandes sectores de la sociedad civil están a punto de lograr que el gobierno de California apruebe su uso. En noviembre, electores de ese estado votarán por una ley que la legalizaría. La propuesta incluye restricciones a la venta y el uso tales como una edad mínima de compra de 21 años. La ley daría a la mariguana un estatus legal similar al del alcohol; las primeras encuestas sugieren que la medida será aprobada, hecho que preocupa por la incidencia directa en México, donde crece la resistencia y la escalada de ataques del crimen organizado.
Nada nuevo se reveló en el dialogo de tres días en el Campo Marte, el presidente Calderón fijo una posición conservadora en la legalización de la mariguana, opuesta a los lideres sociales y de opinión, y mas cercana a las iglesias.
El presidente insistió en que la gran falla del gobierno federal en el combate al crimen organizado fue de comunicación, área que transformó previamente en Los Pinos al despedir a Max Cortazar y designar a Alejandra Sota, un curioso esquema de prioridades donde la imagen en medios es mas importante que los resultados contra el crimen organizado.

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