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jueves, 4 de marzo de 2010

Tolerancia narco terrorista de Hugo Chávez amenaza a México

Hugo Páez

El jueves pasado comenté en esta columna los peligros de abandonar el liderazgo de México en América Latina. Peligros centrados en la íntima relación de los carteles de la droga, la guerrilla y el terrorismo con la ruta de países que van desde el cono sur hasta Estados Unidos, en los que se ha visto involucrada la guerrilla Latinomericana.
El fin de semana, la Audiencia Nacional Española denunció la cooperación del gobierno de Venezuela con un binomio de guerrilla y terrorismo formado por ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La reacción de Hugo Chávez fue explosiva, con los clichés usuales de intervención imperialista, etcétera.
También comenté el peligroso activismo de Venezuela y las FARC en la máxima casa de estudios de México, la UNAM, tolerado por el rector José Narro Robles, que consecuentó el crecimiento de las Células Bolivarianas desde la embajada de Roy Chaderton que proveía de recursos a grupos encabezados por Guadalupe Carrasco “La Pita” y Lucía Moret Álvarez, herida en un campo de las FARC en Ecuador.
La acusación de la Audiencia Nacional Española está soportada en una investigación sólida, con elementos que prueban la liga del grupo terrorista mas violento de una de las potencias en inversiones más importantes en Latinoamérica: España.
Por falta de atención ó concentración en los problemas internos, México no puede dejar un vacío que es aprovechado por los cárteles del crimen organizado, en toda esta trama que tiene relación directa con el principal problema en nuestro país: la inseguridad.
El martes hablé por teléfono con el subsecretario de Seguridad Pública Federal, Monte Alejandro Rubido, me dijo lo que había comentado en una conferencia datos alarmantes del consumo de droga en nuestro: se duplicó en los últimos cinco años. Que tanto la adicción y trasiego de cocaína, la cual no se produce en México, es uno de los problemas más insidiosos.
Imposible hacer una análisis serio del problema sin implicar a países de centro y Suramérica que toleran producción y transporte de la droga blanca, que además mantienen dentro de sus territorios a la narcoguerrilla, esa que cita el juez Eloy Velasco de la Audiencia Nacional Española.
La acusación, según consta en documentos, proceso a seis presuntos etarras y siete miembros del grupo sudamericano por compartir información sobre el manejo de explosivos e intentar cometer varios asesinatos, entre ellos el del presidente del país sudamericano Álvaro Uribe y su antecesor Andrés Pastrana.
Hago un paréntesis. Hay que recordar el enfrentamiento verbal en Cancún de Uribe con Hugo Chávez, en el que el presidente anfitrión Felipe Calderón tuvo que intervenir para calmar los ánimos que pudieron derivar en choque de escoltas de los dos presidentes.
En un auto hecho público, el juez español Velasco solicita al Gobierno de Hugo Chávez la extradición del etarra Arturo Cubillas Fontán, que en octubre de 2005 fue nombrado director adscrito a la Oficina de Administración y Servicios del Ministerio de Agricultura y Tierras de Venezuela, mientras era responsable de ETA en esa zona desde 1999, encargándose de coordinar las relaciones con las FARC.
El juez también detalla que en marzo y septiembre de 2000 dos miembros de las FARC –Edgar Gustavo Navarro Morales, ‘El Mocho’, y Víctor Ramón Vargas Salazar, ‘Chato’– se trasladaron a España y pidieron “colaboración” a miembros de ETA para localizar a Pastrana, y “más recientemente” trataron de hacer seguimientos al actual presidente colombiano, Álvaro Uribe.
En México no podemos concebir la intervención del crimen organizado como un hecho aislado, solamente relacionado con el gigantesco mercado de droga en Estados Unidos, aun cuando la explosiva ola de violencia se atribuya a los métodos de Felipe Calderón en el combate al crimen. Ese es un factor que desató una guerra interna que impacta a los medios y la población. Para nuestro país es vital reactivar el liderazgo en América Latina y recuperar el tiempo perdido en boberías de desencuentros y reclamos por violaciones de derechos humanos en países como Cuba, ó patanerías de Hugo Chávez.
Las ligas del cartel de Sinaloa y de Juárez en Centroamérica y Sudamérica son una realidad; el acercamiento de Irán con economías estratégicas como Brasil rayan en amenazas por las acusaciones de programas atómicos con fines bélicos, y promoción de grupos terroristas como Hezbolá, que estarían a un paso natural de asociarse con las FARC, ahora tristemente relacionadas con Euskadi Ta Askatasuna (ETA), según acusación de la Audiencia Nacional Española.
Como gran parte de los países Latinoamericanos, México entró en la lógica de fomento armamentista que duplicó la inversión en compra de equipo en los últimos cinco años, para llegar a un monto global cercano a los 47 mil millones de dólares. Una locura si tomamos en cuenta que formamos parte de un conglomerado de países con índices alarmantes de pobreza. Una locura alentada por la dispersión de acuerdos, por la falta de liderazgos que se tornan cada vez más difíciles, pero que México no puede eludir, bajo ningún pretexto.

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