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lunes, 22 de marzo de 2010

Demasiado suave con el Ejército el rector del Tec

Hugo Páez
Una Flor por los Estudiantes del Tec

El rector Rogelio Rangel Sostmann fue demasiado suave en el comunicado que identifica a los asesinados como alumnos del Tec de Monterrey. No se entiende el cuidadoso lenguaje con el ejército, aún cuando las autoridades “extraviaron” la identificación que los acredita como alumnos, no sicarios, como informó la Sedena.
Rangel no denunció con el rigor que amerita el caso. Otra cosa sería si las víctimas fueran estudiantes de la UNAM, asesinados a las puertas de CU. Las protesta no se harían esperar.
José Antonio Mercado y Javier Francisco Arredondo cayeron abatidos por las balas del ejército, aun cuando Fernando Gómez Mont matice la acción al llamarlo fuego cruzado. En una acción de este tipo no debe haber confusiones, primero está el preservar la integridad de los ciudadanos y después la captura los criminales. Ese orden le valió el éxito a Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino en el combate al secuestro. Una vez ubicado el lugar, podrían tardarse semanas vigilando y analizando la información, hasta tener la seguridad de que en el operativo de rescate las víctimas no sufrieran consecuencias dramáticas. Caso contrario ocurrió en el DF en el rescate de Yolanda Ceballos Coppel que fue asesinada al tratar de ser liberada por las policías capitalinas.
Es evidente que el Ejército no está hecho para funciones policiacas. Hasta el momento no existe argumento válido para dispararle a un automóvil cuando no se detiene en un retén militar. Puede ocurrirle a cualquier ciudadano presa de nervios, se pasa un retén y será baleado, como ha ocurrido en Sinaloa con grupos de jóvenes sin armas, en Michoacán, en Nuevo León, en Chihuahua.
Cuando estudiaba la carrera de arquitectura los compañeros del Tec de Monterrey coincidimos en un congreso llamado “La Semana de la No Arquitectura” la idea en general era crear un México mejor.
La genial idea del director Leonardo Quintanilla era enfocar el tema desde todos los ángulos que no fueran arquitectura. Irónicamente ese México era mejor en muchos aspectos. El único peligro en la avenida Eugenio Garza Sada era que un auto te arrollara. Debí cruzarla miles de veces y a todas horas, mañana, tarde, noche y madrugada, para llegar tres cuadras adelante a una casa donde vivía con tres amigos de Mazatlán, ciudad y estado terriblemente golpeados, en este país al que no hemos podido mejorar. Me incluyo.

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