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miércoles, 24 de marzo de 2010

¿Quien mató a los estudiantes del Tec..?

Hugo Páez

¿Quién mató a los estudiantes del Tec? “El fuego cruzado” asegura Fernando Gómez Mont en un intento de desviar el auténtico reclamo social a saber la verdad.
Solo queda sospechar que fueron de las armas del ejército las que abatieron a José Antonio Mercado y Javier Francisco Arredondo, de acuerdo a la apresurada posición del Secretario de Gobernación en un juicio exprés, sin concluir las investigaciones.
Después de dos días de confusiones, el rector Rafael Rangel Sostmann hace el reclamo esperado, firme y justo, en defensa de su comunidad estudiantil. El martes reclamé en esta columna su posición suave frente al ejército, ayer agarró al toro por los cuernos, en los medios de comunicación, tal como esperan miles de alumnos, ex alumnos y familiares de la comunidad universitaria, sin embargo, intentó bajar los ánimos a una marcha necesaria, asertiva, funcional como válvula de escape para los estudiantes. Muy tecnócrata este tipo de animadversiones que alimentan viejos tabúes.
Rangel se fue de llenó contra la falta de transparencia, que en estos casos trágicos, es una segunda tragedia para los derechos civiles de los ciudadanos. “El presidente Felipe Calderón le ha dado esas atribuciones al Ejército”, acusa Rangel, al criticar los operativos violentos y sin cuidado, que además provocan consecuencias brutales.
La tragedia frente al Tec tiene la virtud implícita de convertirse en un escándalo por el origen de las víctimas: estudiantes ejemplares, una universidad acreditada a nivel internacional, y un respaldo sin cortapisas de la comunidad neoleonesa. Pero... ¿qué pasa con las otras víctimas, las que en el infortunio quedan como una estadística más? Rangel expone la posibilidad de que se pierdan en el descrédito, como pretendieron las fuerzas federales con los estudiantes del Tec, viles sicarios, ó en el mejor de los casos, implicados.
El procurador General de la República, Arturo Chávez Chávez deberá esclarecer varias interrogantes para fincar responsabilidades, sea quien sea: ¿Quién mató a los estudiantes? y ¿Quién ocultó las credenciales de identificación? Se lo vamos a estar recordando, van 4 días y sigue corriendo.

Hillary, el Prozac del sexenio

Con solo dos días de diferencia para cumplir un año de la visita de Hillary Clinton a la Virgen gadalupana en la Basílica, la Secretaria de Estado de Estados Unidos regresa a México.
Opuesta a la sinceridad de Janet Napolitano, la esposa del ex presidente Bill Clinton llegó con el canto de las sirenas: “los Estados Unidos son responsables por el consumo de drogas y trafico de armas que provocan más violencia en México”. ¡Wau!
Los reflejos políticos de Hillary le dan suficiente para ablandar al duro y calmar al nervioso. La continuación de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado en nuestro país es muy importante para los vecinos del norte. El gobierno de Felipe Calderón es demasiado sensible a la critica en una atmósfera que ha provocado más de 17 mil ejecuciones y con blancos escandalosos en fechas recientes, los como los masacrados en la colonia Salvácar en Ciudad Juárez, tres personas ligadas al consulado norteamericano en la misma ciudad, y los dos estudiantes asesinados en el Tec de Monterrey.
A mas de tres años del inicio de la guerra en México, la coordinación, corrupción y pugnas entre los tres niveles de policías es mas caótico que nunca. Basta ver que en los bloqueos de las bandas criminales en Nuevo León la policía fue captada infraganti en la operación orquestada para desquiciar a la capital del estado.
Aún con un incremento considerable de la ayuda de Estados Unidos, faltaría cambiar leyes en México que permiten impunidad y facilitan a las empresas el lavado de dinero. Antes que delegar responsabilidad a los ciudadanos, diputados y senadores necesitan ponerse a trabajar a fondo en una reforma de ley para cortar el camino de la guerra, cuidando que no se vulneren los derechos humanos y constitucionales, además de que no se incrementen las atribuciones de las fuerzas del orden que puedan violentar las garantías individuales.
Todos pagamos las consecuencias de los malos operativos. El ejército y las policías deterioran su imagen y confianza, los ciudadanos viven en una alucinante paranoia de inseguridad, y los gobiernos en una guerra de nervios ante la impotencia de no encontrar una solución aceptable. El ambiente insano gesta propuestas tan alocadas como el grupo de rudos del alcalde de San Pedro Garza García, Mauricio Gonzáles, que encontró un espacio propicio para la intolerancia y la mano dura que, ante la falta de resultados tangibles, es aplaudida por una sociedad desesperada.
La actitud del equipo superpoderoso encabezado por Hillary debió ser aprovechado en acuerdos concretos, no las generalidades de los cuatro puntos dados a conocer en la chancillería mexicana de Patricia Espinosa.
Para resolver detalles no es necesario el desplazamiento de funcionarios de primer nivel, sin embargo la visita está llena de simbolismo que debió ser aderezado con propuestas concretas, tangibles en las que faltó la participación de los gobernadores de los estados y representantes del Congreso.
Las dos naciones somos corresponsables, sin embargo la participación es totalmente asimétrica. México carga con miles de muertos y el partido en el gobierno perdió un valioso capital político que le puede costar la presidencia de la república.
Aunque se trate de homologar, el impacto del problema al norte del Río Bravo es muy diferente al del sur. En proporción, la fuerza del narcotráfico en México amenazó la seguridad nacional, de ahí nació la necesidad de recuperar el territorio. En comparación, Estados Unidos está muy lejos de vivir una amenaza de tales proporciones. Nosotros utilizamos prácticamente a todo el ejército en la guerra contra el crimen organizado, para Barak Obama apenas sería un número de elementos comparable con los enviados a dos países: Iraq y Afganistán. Hillary llegó como el Prozac del sexenio.

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