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jueves, 13 de junio de 2013

Mientras el Papa Francisco descobija a los gays del Vaticano, renace el discurso político religioso en México

Hugo Páez

Sin importarle la connotación homofóbica y discriminatoria, el Papa Benedicto XVI emitió un documento donde cierra la posibilidad de que los homosexuales sean ordenados sacerdotes y los seminaristas con esa preferencia sexual deben ser retirados de las instituciones de educación religiosa.
Las escandalosas cifras de clérigos “gays” en Estados Unidos, con un 60% de los ministros de la Iglesia Católica, provocó la alarma de Ratzinger y ordenamiento de medidas restrictivas que exigen a los superiores la expulsión de los estudiantes religiosos con tendencias homosexuales, si estos no asumen en conciencia que deben retirarse, ya que por su condición no son aptos para acceder a las ordenes sagradas.
La medida de tabula rasa es proporcional a las brutales tormentas de escándalos en la Iglesia Católica, y en consecuencia provocan reacciones inéditas en el tema. En la primera semana de junio, el Papa Francisco alentó a los religiosos a seguir adelante con la cruzada anti gay al interior de la Iglesia, aun cuando hubiese sanciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antes Santo Oficio y Santa Inquisición).
Como buen jesuita, Jorge Bergoglio asume estas empresas sin miedo alguno. La natural rebeldía de la orden le permite superar obstáculos de las estructuras de tribunales, órganos colegiados y dicasterios de la iglesia católica, que algunos vaticanólogos han catalogado como el fin de la luna de miel del Papa Francisco con la curia de la Iglesia Católica.
Mientras las reglas se endurecen para continuar con el proceso de depuración iniciado por Joseph Ratzinger, en México la crisis de inseguridad y la incapacidad de alcaldes de Nuevo León y el gobernador de Chihuahua, Cesar Duarte, dan un giro religioso al discurso público, violatorio de la Constitución, pero además permitido por una inusual tolerancia de la autoridad regulatoria, en este caso la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación encabezada por Mercedes del Carmen Guillén Vicente, en otros tiempos impensable.
El retorno a los cielos revienta la tesis de que a mayor avance de la ciencia, el conocimiento y la educación, mayor distancia de la religión. En sentido contrario, aparece el renacimiento de sociedades con necesidades espirituales.
Un amigo experto en religión me hizo una observación: “A mayor crisis económica y de inseguridad, mas fieles encontrarás en las iglesias”.
La revolución desatada por Jorge Bergoglio habla claramente de una iglesia a nivel del pueblo, abierta, accesible a los débiles, que da esperanza cuando hay desesperanza, que puede ser el kernel del discurso de Margarita Arellanes en la alcaldía de Monterrey, del presidente municipal de Guadalupe Nuevo León o de Cesar Duarte en la gubernatura de Chihuahua.
Posiblemente estemos ante una tolerancia intencional en el gobierno de Enrique Peña Nieto para superar los tabúes históricos de su partido y aceptar la realidad que sus correligionarios históricos negaron en público, y profesaron en privado. De ser así le tocará enfrentar a los ortodoxos que presionaron al Congreso hasta agregar a la definición de República Mexicana la palabra “Laica”.
Como siempre, el riesgo es el abuso político electoral del tema. La tolerancia de la Subsecretaria Mercedes del Carmen Guillén Vicente podría desatar una ola de discursos divinos, prometiendo a los ciudadanos soluciones de gobierno celestiales, de lo que no pueden lograr con sus recursos terrenales. El engaño, pues.

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