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jueves, 10 de junio de 2010

Pateando traseros

Hugo Páez

Cuando Manuel Mondragón aseguró que si por él fuera, sacaría a patadas a los manifestantes de los 400 pueblos que montaron un espectáculo de desnudos en el centro de la ciudad de México. No todos se escandalizaron, algunos le dieron la razón, aun con una opinión a todas luces arbitraria.
Mondragón es el director de seguridad pública del DF y dista mucho de la fuerza del presidente mas poderoso del planeta, Barak Obama, quien desesperado por la critica de la opinión publica, y aún mas de los medios de comunicación, preguntó “¿Que traseros debo patear?” para solucionar el desastre ecológico del derrame petrolero en el Golfo de México, provocado por la compañía British Petroleum.
Dirán sus enemigos: Obama tiene en sus manos el botón nuclear, su reacción bajo presión mediática puede ser muy peligrosa. Para estas fechas, ya nos desacostumbramos a las ocurrencias de Ronald Reagan, una vez dijo frente al micrófono que había autorizado un ataque nuclear contra la Unión Soviética. Sobraron los analistas y psicoanalistas tipo Discovery Channel que concluyeron: debido a su avanzada edad y demencia senil se quiere llevar a toda la humanidad por delante.
Patear traseros debe ser una opción muy seductora cuando se tiene el báculo del poder. Hugo Chávez en Venezuela tiene la suela desgastada de tanto hacerlo. Tan solo las empresas mexicanas Cemex y Maseca probaron su delirante estilo que tiene postrado al país en una espiral económica que va en caída libre. Su modelo y fuente de inspiración, Fidel Castro, empezó pateando traseros trasnacionales, pero después aparecieron sus verdaderas víctimas: los cubanos, tal como está pasando en el país de Bolivar.
Felipe Calderón y buena parte de su gabinete de seguridad han reaccionado con enfado contra los medios de comunicación. Igual que Obama, aseguran que los periodistas exageramos la nota y destacamos las malas sobre las buenas. Una visión totalmente maniquea de la información. ¿Qué es nota buena y que es mala? La información puede ser interpretada desde diferentes perspectivas, en ocasiones es tan compleja que resulta una falacia tazarlas en malas y buenas. La molestia se ilustra en una declaración del presidente mexicano en Estados Unidos, afirmó que estar en la oposición era el cielo, en cambio gobernar, era el infierno.
El enfado de Barak Obama confirmó las palabras sinceras de Calderón. Un presidente que llega a la Casa Blanca como una celebridad basó la fuerza de su triunfo en el decir, en los discursos poéticos y en el simbolismo que lleva tatuado en su color de piel, no en su experiencia como hombre de estado. Habrá que preguntarle al ambientalista y pacifista Paul McCartney si volvería a dedicarle la canción “Michel” a Michelle Obama, después de la reacción irascible del presidente contra los medios y la British Petroleum “¿Qué traseros debo patear?”.
Patear traseros es inherente a la historia de la humanidad, que es la historia de la infamia, como describía Jorge Luis Borges la ruta del hombre desde la aparición del homo sapiens. Sin embargo, quitarle la bota al autoritarismo es una lucha constante que acerca a los gobenantes con sus gobernados, los hace más iguales, a golpe de patearles el trasero a dictadores y presidentes mexicanos, como los hemos sufrimos en el pasado, que bajo un presunto paternalismo instaurador del orden nos patearon el trasero a todos. En el 2000, muchos pensaron que una bota azul les pateo el trasero y los sacó de Los Pinos, ahora esa bota patea traseros de su propio partido, seguramente piensa que no peteó suficientes traseros para asegurar la continuidad, y piensa que una bota supuestamente renovada, pateará traseros azules para regresar a patearnos de nuevo a todos los mexicanos, ellos aseguran que no, que son hombres nuevos. Por si acaso, no descuide su trasero.
En fin, es la historia de la humanidad... mientras tanto, mejor vamos a ver patear balones ¿no?

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