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martes, 9 de febrero de 2010

Juárez, tres poderes, un presidente y dos partidos en la disputa de la infamia

Hugo Páez

Este año los juarenses iniciaron con suerte, aún con los 15 jóvenes masacrados en una fiesta privada. Serán la sede de los poderes del estado, pasado mañana tendrán la atención del presidente de la república, y, sobre todo, recibirán miles de millones de pesos en ayudas, programas sociales y culturales... simplemente porque el 2010 es un año electoral que se disputan el PRI y el PAN urgido de victorias.
José Reyes Baeza intuyó que la maquinaria federal se volcaría para apuntalar la campaña de Acción Nacional. De inmediato planeó el cambio de poderes de la capital a Ciudad Juárez.
Jugadas de relumbrón, como dicen los chihuahuenses, de supervivencia y simulación.
En estos momentos ser alcalde de Juárez ó gobernador de Chihuahua equivale a se “major” del Chicago de los años 20 y 30’s, con Al Capone, Luciano, y todo el sistema de complicidades que se convertían en complicidad ó muerte de los gobernantes.
Si la lógica existiera y el autoritarismo de los partidos quedara en el pasado, no habría posibilidad de triunfo del PAN ó el PRI. De la fuerza ciudadana violentada saldría una candidatura independiente, comprometida con los problemas de Chihuahua que demostraron ser demasiado grandes para la federación (PAN), gobierno estatal y municipales.
No hay espacios ciudadanos en la imposición de los partidos a las leyes electorales. Los chihuahuenses están obligados a votar por un candidato registrado por los institutos políticos, o no votar.
Tal como Cesar Duarte fue manufactura del centralismo partidista, el PAN impondrá un candidato, en alianza ó no; pero que inyecte esperanza de triunfo y sea funcional.
Los chihuahuenses tendrán sus momentos de suerte de aquí a que se resuelvan las elecciones estatales. El olor a sangre electoral aceleró el golpe del gobernador José Reyes Baeza y los ciudadanos recuperaran momentáneamente un poco de las grandes libertades que perdieron paulatinamente desde hace 6 años.
La comunidad mormona de los Le Barón es un ejemplo de respuesta ciudadana en medio de la impotencia y corrupción de autoridades que se prestan a escenificar una infame puesta en escena con tres poderes, un presidente y dos partidos en disputa.