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sábado, 6 de mayo de 2017

Por fin Gustavo Dudamel embiste a Maduro con furia sinfónica

Hugo Páez
El asesinato de un violinista de 17 años despertó al maestro Gustavo Dudamel, el niño genio egresado del Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela que llegó a la cúspide en la Filarmónica de Los Ángeles California, para tomar la batuta desde el 2009. Un pedestal de la historia ocupado por André Previn y Zubin Mehta.
La fama de Dudamel en el mundo era suficiente para apuntar los reflectores a las infamias de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, pero no, durante años fue tolerancia y comparza de las dictaduras que hundieron al país de Bolívar en la impensable crisis que viven hoy, al desequilibrado son del baile del dictador, como burla frente la desesperación, muerte, persecución, presos políticos, carencias, y una terrible economía de guerra en la hermana Venezuela.
Por fin Dudamel entonó el ¡Ya basta..! que esperaba el mundo contra el régimen déspota. Sentenció en un comunicado: “Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis. Históricamente el pueblo venezolano ha sido un pueblo luchador pero jamás violento… para que la democracia sea sana debe haber respeto y entendimiento verdadero”.
La muerte de Armando Cañizales mientras se manifestaba en Altamira contra el régimen opresor, tornó insostenible la posición del director sinfónico, el jueves reiteró: “El ejercicio democrático implica escuchar la voz de la mayoría, como baluarte último de la verdad social. Ninguna ideología puede ir más allá del bien común. La política se debe hacer desde la consciencia y en el más absoluto respeto a la constitucionalidad, adaptándose a una sociedad joven que, como la venezolana, tiene el derecho a reinventarse y rehacerse en el sano e inobjetable contrapeso democrático”
Un mes de protestas continuas, más de 35 muertos en las calles, 717 heridos y arriba de mil 500 detenidos, es el corte al viernes de una oposición que parece no rendirse esta vez ante las amenazas de “Paz o guerra” de Nicolás Maduro, y la inminente instalación de un nuevo Constituyente y una nueva Carta Magna a modo de perpetuarlo en el poder.
El presidente de la Asamblea de Venezuela, Julio Borges, asegura que se empieza a ver fracturas en el chavismo, pero no debemos confundir, no hay peligro inminente de una guerra civil porque no es un país dividido en bandos, sino un solo pueblo frente al régimen que se ha propuesto arrebatarle el derecho a los venezolanos.
Comenté a mediados de enero del 2017 sobre la permanencia de las imágenes perturbadoras de Maduro incitando al saqueo de tiendas departamentales el 9 de noviembre del 2013, con la frase: “Que no quede nada en los anaqueles” (http://ow.ly/G5iA307Pr3D), y de la fotografía del totalitarismo, con Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, fechada el 10 de enero de este año, tomados de la mano en alto por la victoria en Nicaragua, presidente y vicepresidenta con el control total del Poder Ejecutivo y del Legislativo, con 71 de los 92 diputados de su partido, los otros 21 son totalmente colaboracionistas.
Esas imágenes son los alcances que puede escalar la crisis paulatina, deterioro que se olfatea aquí en México, donde no hay avances concretos contra la corrupción, donde el ‘fácil’ escape de los Duarte, Borge, Yarrington, Hernández, Medina, y muchos más, forman parte de esa indignación que gangrena cada vez más ese deterioro. Son tiempos en que el instinto político desplaza al razonamiento.
En esta administración de crisis moral, donde los ciudadanos ubican a la corrupción como el principal problema, por encima de la inseguridad, cualquier acción de impacto a la economía doméstica indigna y alimenta el deterioro, en un caldo de cultivo propicio a los radicalismos, esos que encumbraron y alimentaron el totalitarismo de a Hugo Chávez, Nicolás Maduro y a los Ortega en Nicaragua. Y para esto no hay límites.
Cuatro meses atrás comenté que no entendía el contraste entre la sensibilidad y el talento fuera de serie de Gustavo Dudamel, el más joven de la historia en dirigir el codiciado Concierto de Año Nuevo 2017 en Viena, con la tolerancia reprobable, con la indiferencia al dolor de su pueblo y la bota militar sobre la democracia.
Dudamel dirigió las notas del himno de Venezuela, mientras Hugo Chávez daba un golpe a la libertad de expresión, al cerrar la televisora RCTV. Luego dirigió la misma orquesta para dar la bienvenida a la estatal chavista TVES.
En enero del 2013, se paró al frente de la orquesta Simón Bolívar en el teatro Teresa Carreño en honor a Chávez, en presencia de Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales. El 12 de febrero del 2014, el mismo día en que los opositores Bassil da Costa y Robert Redman fueron asesinados, y otros estudiantes masacrados en marchas en oposición al régimen en Caracas, Gustavo Dudamel tomó la batuta en un concierto estatal para Maduro.
Con el silencio y la complacencia, Gustavo Dudamel dejó de ser ciudadano en época de crisis moral, donde se necesita la templanza de los hombres que rebasan fronteras. 
En una entrevista con el periódico español El País, sobre la crisis de Venezuela, contestó: “Simplemente NO quiero tomar ninguna posición”.
La sangre de su joven colega violinista, Cañizalez, lo obligó a tomar posición, una lección que deben entender las grandes figuras, los héroes que pueden ayudar a los grandes cambios y prefieren mantenerse en su zona de confort.
Seguramente Gustavo Dudamel debe estar arrepentido de esperar tanto, pero nunca es tarde.

 

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miércoles, 11 de enero de 2017

México y Venezuela NO a la indiferencia; la vergüenza de Dudamel

Hugo Páez
Estamos lejos de Venezuela y Nicaragua, pero NO de las imágenes perturbadoras del presidente Nicolás Maduro incitando al saqueo de tiendas departamentales el 9 de noviembre del 2013, con la frase: “Que no quede nada en los anaqueles” (http://ow.ly/G5iA307Pr3D).
Tampoco de la fotografía del totalitarismo, con la imagen de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, fechada ayer, tomados de la mano en alto por la victoria en Nicaragua, presidente y vicepresidenta con el control total del Poder Ejecutivo y del Legislativo, con 71 de los 92 diputados de su partido, los otros 21 son totalmente colaboracionistas.
Esas escenas son clímax, pero el deterioro inicia con remedos como los ocurridos en México, y la infame indiferencias del venezolano más influyente en la opinión pública internacional, el director de la Filarmónica de los Ángeles California, Gustavo Dudamel.
Esas imágenes son los alcances que puede escalar la crisis paulatina, deterioro que se olfatea aquí, donde no hay avances concretos contra la corrupción, donde el ‘fácil’ escape de los Duarte, Borge, Yarrington, Hernández, Medina, y muchos más, forman parte de esa indignación que gangrena cada vez más ese deterioro. Patético que a cinco años del sexenio se culpe al pasado.
Y para abonar al sinsentido, aparece una preocupante ‘Lista Negra’ de la Policía Científica (sic) de Gobernación y la Comisión Nacional de Seguridad de Miguel Osorio Chong y Renato Sales, con el registro de ciudadanos etiquetados como “Conductas antisociales” por promover -no habla de libre expresión- a las protestas contra el gasolinazo: Andrés Manuel López Obrador (Morena), Mario Delgado, Gerardo Fernández Noroña y Blanca Amelia Gámez (PAN), entre otros, sumado a una lista de medios de comunicación, registrados en el documento que verifico ayer mismo la Policía Federal en twitter (documento http://ow.ly/Vv8j307SSUB).
Son tiempos en que el instinto político desplaza al razonamiento.
Asumir la realidad del costo de la gasolina no es una mala idea, de hecho es un paso justo para los más pobres, sin embargo, frenar los aumentos paulatinos, como objetivo de propaganda política, fue una torpeza monumental que provocó el alud de año nuevo con el aumento mayor al 20% y el próximo en febrero de al menos el 8%, con la cotización del dólar abajo de los 21 pesos.
Desde esta perspectiva no enfrentamos solamente la amenaza exterior de Donald Trump, o el deslizamiento del dólar, y los proyectos de refinación que históricamente no se han hecho en Pemex, sino las malas decisiones en pro de una política electorera.
En esta administración de crisis moral, donde los ciudadanos ubican a la corrupción como el principal problema, por encima de la inseguridad, cualquier acción de impacto a la economía doméstica indigna y alimenta el deterioro, en un caldo de cultivo propicio a los radicalismos, esos que encumbraron y alimentaron el totalitarismo de a Hugo Chávez, Nicolás Maduro y a los Ortega en Nicaragua.
Y para esto no hay límites.
El lunes, por quinta vez en un año, Nicolás Maduro aumentó el 50% del salario en Venezuela a partir del 15 de enero, por la inflación anual superior al 450%.
En este escenario no entiendo a sensibilidades y talento fuera de serie como el del influyente músico venezolano Gustavo Dudamel, el más joven de la historia en dirigir el codiciado Concierto de Año Nuevo 2017 en Viena. Un gran logro que nubla la infamia de la indiferencia y complacencia con el régimen de Chávez y Maduro.
De esto hablé el sábado en el Auditorio Nacional con un amigo melómano, en la espectacular transmisión del Met de Nueva York de la ópera Nabucco, dirigida por James Levine, con Plácido Domingo y Liudmyla Monastyrska.
Dudamel dirigió las notas del himno de Venezuela, mientras Hugo Chávez daba un golpe a la libertad de expresión, al cerrar la televisora RCTV. Luego dirigió la misma orquesta para dar la bienvenida a la estatal chavista TVES.
En enero del 2013, se paró al frente de la orquesta Simón Bolívar en el teatro Teresa Carreño en honor a Chávez, en presencia de Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales. El 12 de febrero del 2014, el mismo día en que los opositores Bassil da Costa y Robert Redman fueron asesinados, y otros estudiantes masacrados en marchas en oposición al régimen en Caracas, Gustavo Dudamel tomó la batuta un concierto estatal para Maduro.
Con el silencio y la complacencia, Gustavo Dudamel dejó de ser ciudadano en época de crisis moral, donde se necesita la templanza de los hombres que rebasan fronteras. En una entrevista con el periódico español El País, sobre la crisis de Venezuela, contestó: “Simplemente NO quiero tomar ninguna posición”.
Afortunadamente esa indiferencia está fuera de lugar en los espacios que ha conquistado la sociedad civil en México. Ejemplos valiosos sobran: México Unido Contra la Delincuencia de Josefina Ricaño y Francisco Torres Landa, Edna Jaime, SOS de Alejandro Martí, Javier Sicilia, Isabel Miranda de Wallace, María Elena Morera, Areli Rojas, etcétera.
Aquí, “simplemente NO podemos dejar de tomar posición” para dar paso a la indiferencia.
   
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